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ROMPIENDO EL SILENCIO-CONSTRUYENDO EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Republica Dominicana

La Multitud

La Multitud La MULTITUD es un proyecto sociocultural que pretende subvertir la imaginación, transformar la mentalidad y elevar los niveles de conciencia del pueblo dominicano para promover en él la esperanza, el compromiso social, los valores humanos y patrióticos, la confianza en sí mismo, pero sobretodo, el interés por el cambio.

La MULTITUD es una maquinaria que promueva nuevas ideas, nuevas actitudes, nuevas visiones y nuevas formas de trabajo social, cultural y político en la República Dominicana en aras del cambio que creemos posible y necesario.

La MULTITUD se plantea como objetivo promover la transformación profunda de las estructuras sociales a través de una Revolución Socio-Cultural de gran contenido popular.


¿Qué tipo de cambio promovemos?
Nos rebelamos frente a la injusticia, contra los abusos. Luchamos contra la discriminación en todas sus manifestaciones, contra la violencia injustificada, contra la explotación de los seres humanos y la destrucción del medio ambiente. Propugnamos la igualdad entre los hombres y mujeres, y entre todos/as los seres humanos. Trabajamos por el respeto a la cultura y a la diversidad, por un mundo donde todos/as puedan vivir dignamente.

Luchamos por construir una sociedad más humana, más solidaria, sustentable y en armonía con todo lo viviente. Luchamos por el bienestar de todas y todos. Soñamos con una sociedad libre, justa y más feliz.

¿Con qué trabajamos?
Nuestro trabajo se desarrolla a través la cultura, concebida como un término amplio y abarcador, que describe todo lo que los seres humanos han construido para relacionarse, para expresarse, para convivir juntos. Por eso trabajamos sobre las formas, las concepciones, las identidades y las expresiones. Trabajamos sobre lo que se ve a simple vista, pero sobretodo con aquellos elementos intangibles de las relaciones humanas.

La mentalidad de nuestro pueblo y sus niveles de conciencia, pueden convertirse en una limitante o en un elemento que potencie los cambios necesarios, todo depende de nosotros/as.

Transformaremos nuestras ideas, nuestros valores, nuestras visiones del mundo, nuestras formas, nuestras culturas, para transformar nuestra vida.

La MULTITUD, la subversión es la cultura.


¿Qué es LA MULTITUD?
La MULTITUD es una maquinaria, y como toda maquinaria, consiste en un conjunto de herramientas ordenadas que permitan realizar un trabajo. Los instrumentos definidos hasta la fecha son:

1- Periódico “La Hoja”
2- Escuela Libre José Carlos Mariátegui
3- Red Nacional de Centros Culturales
4- Red Nacional de Jóvenes
5- Emisora Virtual
6- Un programa radial semanal
7- Una productora de televisión
8- La Editorial Cayuco
9- Una Productora de Eventos y Espectáculos (PROMOARTE)
10- Otras iniciativas

Todas estas iniciativas tendrán como epicentro una institución de nombre LA MULTITUD, Centro Cultural, con una agenda permanente y con un conjunto de iniciativas propias.


¿Que No es LA MULTITUD?
No se trata de un partido político. Es una nueva estructura de trabajo especializado; y más allá de una organización más, LA MULTITUD es una forma de ver las cosas y de actuar en consecuencia.

Por lo tanto, para ser MULTITUD no se necesita dejar de pertenecer a otras organizaciones. Al contrario, promovemos la organización de la juventud en clubes, frentes de lucha, agrupaciones estudiantiles, entre otras organizaciones sociales.

¿En qué creemos?
Creemos en el pueblo dominicano; en su nobleza y en su porvenir. Creemos en la justicia y en la libertad. Creemos que si los dominicanos y dominicanas despiertan, se esperanzan y luchan con la idea de un mejor futuro, no habrá fuerza en este mundo capaz de detenerlos.

¿Quienes son nuestros referentes?
Todos aquellos y aquellas que han aportado a la causa de los derechos humanos o en la lucha por una mejor humanidad. Todos aquellos/as que han luchado por la vida.

Nuestra lista de referentes morales y éticos es larga: desde Simón Bolívar y todo/as lo/as luchadore/as por la Independencia de América Latina, hasta Mahatma Gandhi; desde Juan Pablo Duarte hasta Gregorio Luperón; desde Ernesto Guevara hasta Francisco Alberto Caamaño; desde Liborio Mateo hasta Jacques Viau; desde Rosa Luxemburgo hasta Minerva Mirabal.

¿Con quienes trabajamos?
LA MULTITUD se orienta fundamentalmente a la juventud, conciente de que ésta debe protagonizar los cambios sociales. Sin embargo, trabaremos con todos aquellos y aquellas que deseen y luchen por un país mejor. Creyendo a demás que la juventud, más que una edad biológica son esperazas, bríos e ilusiones por un mejor mañana.

¿Cómo trabaja La Multitud?
Priorizamos el trabajo creativo e innovador. Crearemos nuevos métodos de trabajo y novedosas formas de lucha. Priorizamos aquellas iniciativas que persigan y conquisten objetivos concretos que puedan elevar la moral de los pueblos y ejemplarizar a otros.

Priorizamos aquellas acciones concretas, por modestas que parezcan, pero que permitan acumular, crecer y triunfar.

¿Como nos visualizamos?
Nos vemos como un gran árbol de Flamboyán bajo cuya sombra se cobijan todas y todos los que quieren transformar la realidad; como una sombra donde florezcan espontánea y libremente mil iniciativas, luchas y esperanzas.

Nos vemos como una gran fuerza variopinta, difuminada y concentrada a la vez; llena de ideas diferentes, contradicciones y energías, con el objetivo de promover los cambios que nuestra sociedad necesita.

Nos vemos como un gran foco infeccioso propagando la bondad, la solidaridad y el deseo de una patria mejor; ¡y la conseguiremos!

¿Cómo integrarte?
LA MULTITUD quiere contar contigo…

Intégrate escribiendo a multitudcentrocultural@gmail.com o a lahojaperiodico@gmail.com


Publicado por Multitud

Libertad, diversidad y socialismo

Libertad, diversidad y socialismo Libertad- afirmó la Luxemburgo- sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido -por muy numerosos que ellos puedan ser- no es libertad en absoluto. Libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa diferentemente... Lenin y Trotsky han establecido los soviets como la única representación verdadera de las masas trabajadoras. Pero con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida en los soviets debe de llegar a estar también cada vez más mutilada. Sin elecciones generales, sin irrestricta libertad de prensa y reunión, sin un libre enfrentamiento de opiniones, la vida se extingue en cada institución pública, llega a ser una mera apariencia de vida, en la que sólo la burocracia permanece como el elemento activo.” (R. Luxemburgo. La Revolución Rusa contenida en la compilación “Habla Rosa Luxemburgo”; Pathfinder Press, New York, 1970, pág. 391).


La vida le dio toda la razón a Rosa Luxemburgo.

La libertad tiene que ser consustancial a toda revolución verdadera y a todo proyecto auténticamente socialista.

Libertad para debatir, competir, postularse organizarse, manifestarse, denunciar reclamar, exigir, proponer y optar por dirigir y representar…no para violentar las normas colectivas, la voluntad popular, la autodeterminación y soberanía del pueblo



Libertad de palabra y de ideas. Aceptación de la diversidad en el campo revolucionario y en toda la sociedad. Defensa del derecho propio y respeto del derecho de los(as) demás.


Libre enfrentamiento en función de la naturaleza del contrario y de los métodos que empleen. Democracia en la sociedad y más aun en las propias filas revolucionarias.


Porque si al enemigo de clase, al opresor de todos los colores, al representante del sistema opuesto; si al contrarrevolucionario, al pro-imperialista, al pro-capitalista… se le concede el derecho a debatir, a competir, a organizarse y manifestarse en democracia, y esto debe aceptarse como bueno y válido; con mayor razón debe admitirse y reconocerse como virtud la diversidad dentro del campo de la revolución, en el seno de las fuerzas partidarias o participantes de la construcción de la nueva democracia y el nuevo socialismo.


Cada sector en su lugar y a cada quien el tratamiento según su naturaleza política


Al enemigo o adversario sistémico se le respetan sus derechos y se la trata como tal: como expresión del orden capitalista, como partidario de la dominación imperialista, como factor resistente a la verdadera democracia y al tránsito al socialismo; sin detener las transformaciones llamadas a erradicar y sustituir los fundamentos económicos e ideológicos y los medios correspondientes que han servido de pilares a su dominación material y espiritual basada en la desigualdad y la injusticia.


A quienes representan la oposición al cambio se le descalifica para esos fines, se le sitúa en el campo de la contrarrevolución y se le combate con medios y métodos capaces de contrarrestar las formas de lucha que ellos se dispongan a emplear.


A las ideas se le debe combatir con ideas. A la movilización con la movilización.


A la competencia electoral con las capacidades a desplegar en ese terreno. A las armas con las armas. A la sedición con el peso de la coerción y la legalidad revolucionaria.


El trato político a los actores sociales de los cambios necesarios debe ser distinto al que se le de a los enemigos. El trato a los aliados de la revolución debe ser diferente al que se le de a sus adversarios, aun en el contexto de un clima de libertad y respeto de derechos.


Ni el revolucionario, ni el aliado del proceso, deben ser descalificados ni estigmatizados mientras actúan como tal, aun con posiciones propias y con diferencias más o menos significativas, con enfoques que se entiendan erradas o iniciativas inadecuadas.


En un proceso de tránsito del capitalismo neoliberal a una sociedad pos-neoliberal, camino a un socialismo participativo, la diversidad de actores que actúan como aliados o como componentes del campo transformador anti-neoliberal, antiimperialista, anticapitalista y pro-socialista, son sumamente variados.


Exigir uniformidad es contrariar la riqueza el proceso.


En el propio campo de las fuerzas de vanguardia, de las organizaciones capaces de transitar todo el proceso, de los sujetos y aliados estratégicos (no simplemente tácticos), la diversidad es un dato significativo de la realidad.


Esto así por razones históricas, sociales culturales, trayectorias políticas, procesos formativos, experiencias vividas, causas generacionales, de género, de etnia, de sectores de clase.


No olvidemos que el sujeto social de la revolución en sociedades como las latino- caribeñas, si bien es expresión de la fuerza del trabajo contra el capital, es a la vez sensiblemente heterogéneo.


Es el sujeto popular, el sujeto pueblo, la pobrecía con todos sus componentes, incluido el proletariado en su definición clásica.


Sus expresiones políticas y teóricas, aun dentro del campo del proyecto revolucionario- socialista, son tambien diversas y generan determinadas contradicciones, encuentros y reencuentros.


Esa realidad debe ser admitida y consecuentemente tratada.


Alerta frente al estigma y la condena antojadiza


El proceso hacia la revolución en Venezuela ha venido a reforzar la idea del bien que le hace a los cambios revolucionarios la libertad en escalas superiores a todas las que la decadente democracia liberal- representativa ha podido ofrecer y cumplir.


La derecha, la contrarrevolución interna e imperialista, puede y debe ser derrotada sin afectar la democracia del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.


En Ecuador está en marcha un ensayo similar hacia la democracia participativa y en Bolivia tambien.


En esa virtud no está la debilidad de esos procesos. En todo caso ella debe ser detectada en otras de sus vertientes.


Y si en esas situaciones hemos sido capaces de ser amplios frente al enemigo de clase y de pueblo, frente a los más perversos adversarios del proceso de cambio, con mayor razón debemos serlo respecto a los diversos componentes y aliados de las revoluciones y de la causa anti-imperialista.


Esto es absolutamente válido tambien en esta nueva fase del proceso cubano, en el que el estancamiento del modelo estatista y la crisis estructural del mismo han dado lugar a un rico un debate que procura alcanzar un nuevo consenso capaz de abrirle paso a otro modelo más participativo y eficaz dentro del proceso de orientación socialista.


Y esto lo digo porque en los debates en torno al reciente revés electoral en Venezuela, en las discusiones sobre lo que pasa en Bolivia, en los enfrentamientos de ideas respecto al proceso ecuatoriano, en las valoraciones sobre los actores político-militares dentro de la aguda crisis colombiana y en el debate que tiene lugar en Cuba sobre el futuro de la revolución, se han expresado -y se están expresando- reacciones de intolerancia, descalificaciones inapropiadas, estigmatizaciones, discusiones agresivas… dentro del campo de personas y corrientes que forman parte del torrente transformador.


De nuevo brotan reacciones despóticas frente a la diversidad y a las disensiones, como si la verdad estuviera solo de un lado o de X componente; o como si nadie debería tener derecho a equivocarse.


No me refiero a casos como el de Baduel o los dirigentes del Partido Podemos, que aliados a las derechas, se pasaron al campo de los que enfrentan la profundización del proceso hacia la revolución en Venezuela.


Tampoco a aquellos que en las discusiones sobre el proceso cubano pugnan por un tránsito muy parecido al que recomiendan los representantes del capitalismo occidental, o específicamente los ideólogos de Washington.


Es claro que a esos sectores hay que descalificarlos como revolucionarios, porque realmente son contrarios al curso de la revolución. A ellos hay que combatirlos como lo que son: adversarios del proceso y socios de la contra-revolución.


Me refiero al caso de intelectuales y dirigentes políticos y sociales, que incluso difieren mucho entre sí, que en lo fundamental han sido -y siguen siendo-, con sus equívocos y aciertos y con sus peculiares estilos, consecuentes defensores de los procesos revolucionarios antiimperialistas y socialistas revolucionarios por convicción.


Una o varias diferencias –uno o varios equívocos- no deben ser causa de descalificación y condena excluyente.


Entre James Petras y Heinz Dieterich (y probablemente entre ellos y Noam Chomsky) hay significativas diferencias, y sin embargo ambos han sufrido embestidas “ideológicas” en las que se les pretende situar fuera de las filas antiimperialistas y revolucionarias. Tambien ha acontecido así con el intelectual de izquierda y vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera


Hay casos todavía peores como los pérfidos ataques a las FARC lindando la campaña de descrédito instrumentada por EEUU y por la oligarquía colombiana; o como las injustas valoraciones sobre Herri Batasuna fomentada desde sectores de la izquierda española y latinoamericana, o como el intento de descalificar al sub-comandante Marcos, al EZLN y a la Otra Campaña de México, quizás por haberse excedido en su distanciamiento electoral y explicable independencia respecto a López Obrador.


Unos y otros son victimizados y no faltan los que se victimizan entre sí, esto sobre todos en el caso de algunos de estos valiosos intelectuales.


No es que me oponga a que se establezcan las diferencias y se debatan las posiciones encontradas o divergentes, sino a que ellas se empleen para condenar sin apelación, para denotar con términos hirientes, para estigmatizar, para irrespetar y agredir maliciosamente, para negar valores y aportes indiscutibles.


Diferenciar entre las rosas y las espinas


Menciono solo algunos ejemplos relevantes, pero tambien hay otros que justifican esta preocupación por el fondo de intolerancia que rebrota en áreas importantes de nuestro movimiento revolucionario, como fuerte resaca de aquel pasado estalinista -y no solo estalinista- en el movimiento marxista, como parte de esa cultura autoritaria derivada de raíces culturales despóticas, del peso histórico del caudillismo en la política, de la fuerza del patriarcado y de las iglesias jerárquicas en las familias y sociedades del continente y más allá.


En no pocas vertientes de mis análisis pueden encontrarse desencuentros o enfoques diferentes a los externados por una parte de esos intelectuales y dirigentes mencionados, pero en ninguno asoma la negación a sus aportes, a su condición de intelectuales revolucionarios, a su militancia en el campo de los mejores valores de la humanidad.


Los estilos y las personalidades, más o menos fuertes, dan lugar tambien a no pocas reacciones contrarias que no deberían traducirse en guerras a muerte.


Las escuelas marxistas, las escuelas políticas revolucionarias, son muy variadas; y todas ellas tienen su validez como fuentes integrantes del proceso de cambio.


El debate de ideas es siempre válido. La guerra, aun sea verbal, debe reservarse para enfrentar y derrotar a los enemigos que la despliegan contra nosotros(as).


Sabemos cuanto daño ha hecho la intolerancia al interior del movimiento revolucionario y del campo progresista. Ella ha sido siempre caldo de cultivo del despotismo.


La defensa de un liderazgo, de un proceso, de una política táctica, de una línea estratégica, no deberá implicar la descalificación y crucificación ideológica de quienes puede diferir de uno y otro de sus componentes, inflexiones o iniciativas; sobre todo cuando esto se hace desde trinchera y voces que han dado prueba de compromisos esenciales en la lucha anticapitalista y anti-imperialista.


Todo intento de uniformizar desde la guerra verbal deviene en recorte de la creatividad y mengua el espíritu crítico.


La crítica es un valioso combustible para las nuevas creaciones heroicas.


Cada vez que a nuestras mentes se asome la idea descalificadora, el espíritu inquisidor y excluyente respecto a otros(as) luchadores por la liberación de los pueblos, deberíamos traer a nuestros corazones la imagen del mundo como un jardín de rosas donde hay flores y espinas; y donde las espinas no son precisamente los intelectuales revolucionarios más o menos críticos, o más o menos controversiales, más o menos certeros o erráticos.


Las espinas son los Kissinger, los Bush, las Condelezza, los presidentes neoliberales, los políticos corruptos, los Uribe Vélez y Leonel Fernández, los Tony Saca, los Collín Powel, los Bill Gates, los Ford, los generales de “horca y cuchillo”, los representantes del FMI y el BM, los dueños del Complejo Militar-industrial, los Cisneros, las corporaciones, los invasores, los imperialistas o pro-imperialistas, los oligarcas, los capos narco-paramilitares, los abogados del dólar, los intelectuales orgánicos de las burguesías, la CIA, el Pentágono, los dictadorzuelos civiles y militares… y todos los que le hacen el juego o concilian con su dominación, incluidos traidores y renegados procedentes de las izquierdas.


Y esas espinas siguen siendo enfrentadas por esos(as) que pretende ser condenados a no ser lo que son, descartados y expulsados del campo revolucionario por el solo hecho de disentir y criticar o actuar en forma diferente frente a ciertas realidades y factores, con acierto o no, con razón o sin ella, con equívocos grandes o pequeños. Misión, que no por imposible, deja de ser dañina.


¡Es muy malo y muy miope confundir las rosas, no importa su tamaño y esplendor, con las espinas!




Por Narciso Isa Conde

Demonio Disfrazado

Vendrán demonios disfrazados"...nos dice la Biblia. Y se dio tambien su vaticinio en esta hermosa tierra dominicana.
Ruge el león a la derecha y muerde a la izquierda.
Dice ser amigo de Fidel, pero es enllave de la Fundación Cubano-Americana de Miami y de los Fanjul de La Romana.
Proclama su amistad con Chávez, pero sigue las pautas de Bush mientras desayuna a cada rato en la casa de "Casa de Campo" de Gustavo Cisneros.
Ataca a los corruptos, pero los nombra en su gabinete.
En Petrocaribe levanta la mano izquierda y en Washington la derecha.
En Venezuela el olor a petróleo lo lleva a sonreír izquierdosamente con Chávez y a darle la espalda a Carlos Andrés.
En Nicaragua prefiere abrazar por la derecha a Alemán, el cuate de los Selman, por venganza a aquella amistad preferencial del FSLN con el PRD.
En El Salvador saluda con la derecha para no desvirtuar su tierna amistad con Arena.
Dice tener un proyecto de nación muy parecido a un nuevo proyecto de colonia.
Le ofrecen refinería y plantas de gas natural en Venezuela e insiste en buscarlas en México y Arabia Saudita, donde ni se la ofrecen ni se la dan.
Es patriota pero anhela usar su "green card". Es demócrata a lo Uribe Vélez, haciendo propia su "seguridad democrática" aunque no haya motosierras en el mercado.
Le emprende de palabra contra la delincuencia menor mientras se exhibe estrechamente asociado a la delincuencia mayor.
Es de Villa Juana, pero ama a New York.
Es "bochista", pero tiene por modelo a Balaguer.
Entra al Palacio doblando a la izquierda, pero cobra siempre por sus servicios prestados a la derecha.
Condena el clientelismo, pero lo practica en gran escala y sin ninguna inhibición.
Privatiza a favor de las derechas, en homenaje las izquierdas.
Firma con el FMI y el Banco Mundial programas y proyectos de derecha como testimonio inéquivoco de su "revolución democrática".
Garantiza la inmunidad de los militares yanquis en el país como parte de su flamante y original proyecto patria.
Promete sancionar a los que mataron a Narcisazo y nombra en su gobierno al principal autor intelectual de ese crimen. Igual hace ahora con el responsable de la muerte de Sagrario Díaz: lo reintegró a la policía con el rango de Mayor General.
Expresa su amor por las izquierdas siempre aliado a las derechas confesas y a los izquierdistas renegados.
Elogia a las izquierdas del continente, pero le tiene un inmens cariño y admiración a Bill Gates y a Bill Clinton.
La deuda externa le impide invertir en educación, pero la sigue pagando después de pagada. Y lo hace con los impuestos a los hidrocarburos que encarecen los alimentos y servicios básicos, expresando siempre su indeclinable determinación de combatir la pobreza.
Privatiza la electricidad para "no subsidiar al Estado" y termina subsidiando las grandes ganancias de las corporaciones privadas.
Es un gran defensor del medio ambiente, pero que durante 7 años ha permitido que las empresas granceras maten nuestros ríos.
Con su Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode) pasa lo que con ciertos símbolos de la actual globalización neoliberal:
-"El Banco se llama Mundial, como el Fondo Monetario- nos dice Galeano- se llama Internacional, pero estos hermanos gemelos viven, cobran y deciden en Washington". Mientras que la Funglode dice ser democrática y desarrollista, pero cobra en las alcancías de la corrupción, de la oligarquía y del imperio; por lo que no es extraño que amenudo se convierta en tribuna del antichavismo, del antifidelismo y hasta del antibochismo. Y desde ella, sin el menor sonrojo y a pesar de esos pesares, se intenta convocar cónclaves de izquierda.
¿Es que acaso este presidente de "izquierda" y gobernador de colonia de derecha es un buen ambidiestro?
En verdad, ni batea ni tira a la izquierda.
Siempre hace todas las cosas con la derecha.
De izquierda, realmente sólo tiene algunas caretas y ciertos disfraces. De ambidiestro no tienen nada. De teatrero y simulador, tiene demasiado, cual
"Demonio disfrazado".
Publicado Juan Daniel

Protestan en la sede del gobierno dominicano

Protestan en la sede del gobierno dominicano El Proyecto Nueva Izquierda – Círculos Caamañistas sorprendió esta mañana a los cuerpo policiales y militares encargados de la seguridad del Palacio Nacional de la República Dominicana, donde tiene su oficina el presidente Leonel Fernández, organizando un piquete o plantón relámpago precisamente al frente de su puerta de entrada principal, al pie de la estatua de Benito Juárez en la intersección de las avenidas Pedro Henríquez Ureña, Dr. Delgado y México de la ciudad de Santo Domingo.


El piquete se propuso la descalificación del Presidente Leonel Fernández y de la alta dirección del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) para convocar el próximo 23 de noviembre un supuesto encuentro de las izquierdas del continente.


La descalificación estuvo sustentada tanto en las políticas neoliberales que ejecuta el gobierno de Fernández (privatizaciones (firma del TLC, acuerdo Stand By con el FMI, apoyo al ALCA…) como en la corrupción y el entreguismo que caracterizan su gestión (escándalos reiterados, presencia militar estadounidense y complicidad con la oligarquía).


La actividad fue encabezada por Narciso Isa Conde, Fernando Peña y Félix Tejeda, este último miembro de la coordinación del Foro Social Alternativo, confluencia de movimientos sociales y organizaciones populares de avanzada, responsable de la convocatoria de las dos recientes huelgas generales.


En el cierre del piquete, que se mantuvo en pie durante una hora (10:30AM a 11:30AM) pese a la infructuosa presión policial por impedirlo, Isa Conde dio lectura a la siguiente:


Proclama


“Leonel Fernández y la alta dirección del PLD son neoliberales, privatizadores, partidarios del ALCA y los TLCs, de las imposiciones del FMI y el Banco Mundial.”


“Apoyan las maniobras militares del Comando Sur del Pentágono en nuestro país, la intervención de EEUU y la onU en Haití, el acuerdo que garantiza la inmunidad del personal civil y militar estadounidense, la instalación de una escuela militar gringa…”


“Son políticos clientelistas, corrompidos, sobornadores, sin escrúpulos para aliarse con los peores representantes del latrocinio y el crimen.”


“Leonel está empecinado en sus afanes reeleccionistas, aun después de dos huelgas generales exitosas, reproduciendo y modernizando todas las prácticas perversas del balaguerismo.”


“La izquierda es otra cosa”


“Ser de izquierda es ser anti-neoliberal y plantear alternativas transformadoras a ese modelo empobrecedor y desnacionalizador.”


“Es impugnar los TLC y el ALCA, rechazar los ajustes del FMI y del Banco Mundial, las privatizaciones de las empresas públicas y los recursos naturales, combatir la” corrupción y la impunidad de los crímenes de Estado, enfrentar los latifundios, los monopolios y los oligopolios, y abrazar una ética revolucionaria.”


“Ser de izquierda es ser parte y/o acompañar los movimientos sociales por el derecho a la vida, por democracia participativa e integral y por el recate de la soberanía nacional y continental. Ser de izquierda es luchar por la igualdad de derechos y la justicia social”


“Ser de izquierda en una expresión más alta, es asumir al lucha contra este capitalismo brutal y proponer el tránsito hacia nuevo socialismo, tal y como lo están haciendo Chávez y el Partido Socialista Unificado de Venezuela y como lo están planteando los movimientos políticos-sociales que encabezan Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Como lo hizo en otras circunstancias la revolución cubana y Fidel.”


“Por eso llamamos a todos los sectores honestos, sensibles, partidarios de la verdad y la justicia a oponerse al falso “encuentro de izquierda” convocado para el próximo mes de noviembre. A denunciarlo aquí y en el exterior, rechazarlo con diversas iniciativas, condenarlo como lo que es: un gran fraude, una gran simulación”


“Y aquí frente al Palacio Nacional, donde el señor Fernández y el partido oficial gobiernan para beneficio de la corrupción, de la oligarquía, de la partidocracia y de las transnacionales, proclamábamos el inicio de esta campaña de denuncia e impugnación de esa farsa.”


“¡La corrupción no es de izquierda!”

“¡El neoliberalismo y el entreguismo tampoco!”

“¡No a los farsantes!”

¡Caamaño Vive¡


“Proyecto Nueva Izquierda-Círculos Caamañistas” 17-10-07



Con este paso el Proyecto Nueva Izquierda – Círculos Caamañistas da inicio a un programa de iniciativas destinadas a denunciar y oponerse a lo que sus integrantes(as) llaman “otro fraude, otra estafa” del Dr. Leonel Fernández, junto a un proceso de confluencia en esa misma dirección con otros(as) componentes de la izquierda social, cultura y política de la República Dominicana.




Narciso Isa Conde (Para Kaos en la Red)










Parálisis casi total por huelga en República Dominicana

Parálisis casi total por huelga en República Dominicana Incrementada a medida que avanzó el día, la huelga general convocada por una coalición de entidades dominicanas agrupadas en el Foro Social Alternativo (FSA) es acatada en todo el país de forma mayoritaria.


Partes del FAS afirman que la huelga es obedecida en un 80 por ciento, mientras es visible que la mayor parte de los establecimientos se abstuvieron de abrir sus puertas.


Zonas céntricas de esta capital están patrulladas por policías y militares algunos con armas largas, constató Prensa Latina en el terreno.


Detallistas que ignoraron la convocatoria decidieron acatarla al mediodía debido a la falta de clientes pues las personas se mantienen en sus casas por temor a verse involucrados en incidentes.


Esas aprensiones escalaron a medida que se acercó la fecha del paro, en especial las 72 horas anteriores, por intercambios verbales entre ponentes del FSA y del gobierno.


Durante ese lapso los mandos de la policía y el ejército dijeron que actuarían con dureza ante alteraciones del orden y mostraron medios técnicos para desalentar manifestaciones, incluidos carros que lanzar agua a alta presión.


El FSA se dijo satisfecho por el impacto de la convocatoria, en especial en las provincias de Santiago, San Juan, Barahona, San Pedro de Macorís y La Vega y acusó al gobierno de tratar de ahogar el paro por el chantaje y la represión.


Las asociaciones de comerciantes, de su lado, acusaron a los organizadores del movimiento de "vagos" en rueda de prensa televisada durante la cual aseguraron que "ninguna huelga ha conseguido nada a lo largo de la historia".


Demandas salariales y sociales y mejoramiento de los servicios públicos son algunas de las demandas del FSA que acusó al gobierno de "prepotente y sordo" y de "no conectarse con las necesidades de la gente".
Prensa Latina Moisés Saab.

Otra jornada cívica ejemplar De esta manera, una parte importante de la población respaldó las demandas de cambios en la política económica del gobierno.

Otra jornada cívica ejemplar  De esta manera, una parte importante de la población respaldó las demandas de cambios en la política económica del gobierno. Atendiendo al llamado del Foro Social Alternativo la nación dominicana redujo en más de un 75% sus actividades durante este martes 2 de octubre.


Obreros, estudiantes, centros de estudios, el comercio pequeño y mediano, campesinos y profesionales medios, transportistas y chóferes del transporte público se sumaron al llamado a Paro, reduciendo visiblemente la actividad social y laboral en todo el país.

De esta manera, una parte importante de la población respaldó las demandas de cambios en la política económica del gobierno.

Entre las demandas concretas se exige la rebaja de los combustibles mediante la revisión de la ley de hidrocarburos y la eliminación o reducción del impuesto que se carga a través de ellos. Un aumento general de salarios y el subsidio del transporte a los estudiantes, envejecientes, militares y otros grupos especiales.

Se exige la persecución ejemplar de la corrupción y el cese de la impunidad, asimismo medidas más certeras y eficientes contra la delincuencia y a favor de la seguridad ciudadana.

También el cese del desalojo a familias indigentes que ocupan terrenos del Estado, el mantenimiento de las medidas que prohíben la extracción de agregados de los cauces de los ríos y otras medidas de protección ambiental.

Se procura que el gobierno solucione las demandas de barrios y comunidades haciendo inversiones que garanticen el abastecimiento de agua, el arreglo de calles, aceras y contenes, saneamiento de cañadas y otras obras comunitarias. Asimismo, el cumplimiento con los maestros, aumento del número de estos y la construcción, reparación y equipamiento de escuelas y de centros de salud. Entre otras demandas.

La protesta es justa, el método escogido, que es la protesta cívica y pacífica, es correcto.

El Foro Social Alternativo

Como en el Paro Cívico del 9 de julio de este año, el Foro Social Alternativo sigue consolidándose como una representación idónea, progresista y honesta del pueblo.

Tras aquella huelga de hace casi tres meses, el Foro anunció un plazo para que el gobierno respondiera a las demandas planteadas en esa jornada, que son básicamente las mismas de la huelga de este martes 2 de octubre.

Durante tres meses los representantes del gobierno, incluyendo al Presidente de la República se hicieron los “chivos locos”, pretendiendo ignorar la contundente demostración.

A última hora, ya convocado el Paro, a través de algunos de sus funcionarios o de algunas de sus bocinas pagadas, quisieron acudir a un demagogo llamado a dialogo, con un claro propósito desactivador de la jornada en proceso.

El Foro Social Alternativo ha demandado respuestas concretas, no diálogos.

Sin embargo, manifestó su disposición a discutir los puntos demandados antes de que se fijara la fecha de la siguiente jornada de protesta, dejando claro que una vez convocada la huelga no se prestarían a ir a diálogos de último minuto, que muchas veces son utilizados por el propio gobierno para desprestigiar a los convocantes.

La actitud recta, la firmeza en sus demandas, la entereza moral y el compromiso progresista y revolucionario que caracteriza a las organizaciones integrantes y a los principales voceros del Foro Social Alternativo, convierten a este mecanismo de coordinación popular en una parte importante de la recomposición de las fuerzas progresistas del país.

Pobre Gobierno

Confuso y desatinado el gobierno invirtió millones en dinero y esfuerzo para endilgarle al PRD un protagonismo en la jornada de protesta que nunca tuvo ni ha tenido.

Las dirigencias de los partidos predominantes de la derecha dominicana han actuado de manera idéntica frente a las demandas sentidas de la población y a la lucha social. Cuando están en el gobierno las ignoran y reprimen toda acción de protesta, cuando no están en el gobierno, prefieren las componendas de aposento y las negociaciones de patio con el oficialismo a una consecuente oposición, pero intentan beneficiarse, agazapados y sin dar la cara, como oportunistas que son, de las protestas que organizan otros.

Sin embargo, a pesar del oportunismo de sus dirigentes, las bases de esos partidos generalmente participa activamente de las jornadas de protesta popular.

Ante la inminencia, el gobierno intentó un recurso manido de última hora, acudió a parte de los dirigentes choferiles del PRD y del Partido Reformista para escenificar un sainete de mal gusto.

Pretendió elevar a la condición de interlocutores a los que hace apenas meses acusó de corruptos en el expediente del Plan Renove. En esa comedia mediocre, el Presidente pidió prestadas las mismas palabras utilizadas por Balaguer cuando en el año 1990 se reunió en Palacio con esquiroles sindicales para desactivar una huelga, a los que llamó “patriotas”, igualito a como hizo el presidente Fernández la víspera de este martes 2 de octubre.

Durante la jornada, cuando era evidente que la población escenificaba una contundente demostración cívica contra el gobierno, la prepotencia del Ministro de Interior y Policía y de otros funcionarios sonó ridícula y se tornó en ceguera cuando aseguraban que todo estaba normal, que no había tal huelga.

Si alguna esperanza quedaba en la racionalidad del Presidente, en su comedimiento y antiguas prédicas progresistas, esta se ha diluido lamentablemente.

Qué Hacer

“La pelota esta en la cancha del gobierno”, han dicho los dirigentes del Foro Social Alternativo. Al gobierno corresponde dar respuestas o seguir haciéndose el sordo.

Puede seguir gastando recursos para aumentar el capital político del PRD, achacándole un rol que no ha tenido ni tiene, o buscando interlocutores sin aval y cuestionados, o puede asumir como interlocutores a un conjunto de fuerzas, organizaciones sociales y personas de honestidad comprobada y de intenciones progresistas, que vienen teniendo el respaldo de la poblacion
Roberto Sánchez Clave Digital.








 









Santana dice paro de 2 de octubre "no tiene vuelta atrás"

Santana dice paro de 2 de octubre "no tiene vuelta atrás" El vocero del Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo), Fidel Santana, afirmó que no tiene vuelta atrás la convocatoria a paro nacional de labores convocado para el 2 de octubre próximo. Dejó claro que nadie detiene la protesta e, indicó que el Gobierno se ha mostrado indolente ante el pliego de demandas de las organizaciones populares. "No nos deja otro camino que ir hacia el segundo paro nacional que será efectuado el próximo 2 de octubre a partir de las 6 de la mañana por 24 horas. El pueblo ha sido testigo de la actitud indolente e indiferente del Gobierno de Leonel Fernández," declaró Santana. El dirigente popular sostuvo que el Gobierno privilegia a algunos funcionarios con elevados salarios, en vez de solucionar los problemas más importantes del país.
El Caribe.

Intervencion integra del padre Harley en paris

Intervencion integra del padre Harley en paris Soy sacerdote católico y un sacerdote de Jesucristo es para su pueblo: padre, amigo, hermano, cabeza, esposo, y sobre todo y ante todo: pastor.

El sacerdote es por vocación imagen y transparencia de Cristo Buen Pastor, que ama a las gentes, las conoce por su nombre, las carga sobre sus hombros, y las aprieta contra su pecho cuando están cansadas o heridas.
El Buen Pastor da la vida por sus ovejas que son las gentes que Dios Padre le encomienda.

Las ovejas no le pertenecen al pastor, no son de su propiedad, las ovejas pertenecen sólo a Dios, porque juntas forman el Pueblo Santo de Dios. El pastor bueno, el pastor único es Jesucristo, los demás sólo actuamos en su nombre y con su autoridad.

En definitiva, los sacerdotes actuamos en nombre de Alguien que es más grande que nosotros, Alguien más bueno, Alguien mucho más hermoso que nosotros.

He tenido el privilegio como sacerdote de haber sido enviado por Jesucristo a pastorear una porción del rebaño de Dios durante estos últimos diez maravillosos años de mi vida sacerdotal en la República Dominicana, en la Provincia de San Pedro de Macorís, ubicada en la zona más oriental. Una nación que junto a la República de Haití, conforman la isla de La Española. Fue allí donde Dios me confió una pequeña porción de la inmensa grey de la humanidad. Se trataba de una grey abandonada, una grey que no sólo sentía la lejanía de su pastor, sino – peor aún – un rebaño que ni siquiera sabía que tenía pastor. Un rebaño, una porción de la humanidad que jamás había contemplado la hermosura del rostro de su pastor, ni escuchado su voz.

Era un rebaño disperso entre interminables paisajes verdes de cañaverales de azúcar y blancos pendones de pluma, entre lodazales intransitables y caminos polvorientos y recubiertos del infinito azul del cielo, el cielo más bello que la mano de Dios dibujó desde toda la eternidad.

Cuando llegué a aquellas infernales plantaciones – allá por Septiembre de 1997 – no tenía ni la menor idea de la vida que me aguardaba… Ahora, al volver la vista atrás, sólo me queda en las entrañas del alma una inmensa gratitud a Dios por estos maravillosos años en los que, en nombre de su Hijo Jesús y enviado por la Iglesia, he podido compartir el caminar de mi pueblo: llorar sus lágrimas, consolar sus pesares, comer de su pan amargo, enjugar sus rostros, acariciar sus llagas, reír con sus sonrisas, acompañar sus andares, rezar sus rezos, soñar sus sueños, apaciguar sus llantos, defender sus derechos, alimentar con vida eterna sus almas; gozar de sus cantares; comer de sus pailas y sus anafes…

Al irme adentrando cañaveral adentro, descubrí un mundo totalmente desconocido para mí, un mundo asombros e infame; un mundo que poco o nada comprendía; un mundo que me gritaba en el interior y en el que se me agolpaban mil preguntas para las que nadie – ni siquiera la Iglesia – tenía respuestas (al menos respuestas que yo pudiera entender y que arrojaran luz sobre tan espantoso misterio).

Fue ahí donde por primera vez entendí en toda su grandeza las palabras sabias de nuestro querido Papa Juan Pablo II pronuncio la mañana del 8 de noviembre de 1982, el día de mi ordenación sacerdotal hace ahora 25 años:

Decía él:
“Queridos hijos, comprometeos en todas las causas justas de los trabajadores…”
¡¿Que podía saber yo a mis 23 años y el sacerdocio recién estrenado, lo que habrían de confortarme sus palabras?!

En definitiva, me enfrentaba como sacerdote, como párroco, como pastor, a una situación de vida que exigía una respuesta desde la luz del Evangelio. Y fue el trato diario con estas gentes la que me fue progresivamente y de manera casi imperceptible aportando los datos para un análisis antropológico de la situación a la que había sido enviado a servir. Los datos fundamentales a los que yo como sacerdote y sólo como sacerdote, desde el Evangelio y el magisterio de la Iglesia, tenía que aportar una respuesta y una esperanza de solución:

1.- En primer lugar descubrí que todos esos inmensos cañaverales, en su práctica totalidad pertenecían a una sola familia, una familia de origen italiano, asentada en la República Dominicana a finales del siglo XIX. La familia VICINI. Y descubrí que extensiones aún más gigantescas de caña de azúcar que se encontraban ubicadas al este de mi parroquia; eran propiedad del consorcio Central Romana, pertenecían a otra familia, no menos rica, no menos miserable, cuyos trabajadores vivían en condiciones iguales o peores – tal como, andando el tiempo, pude constar con mis propios ojos - que las que a continuación pasaré a brevemente describir. Se llamaba la familia FANJUL.

2.- Descubrí que mi pueblo (es decir, las gentes que conformaban mi geografía parroquial) vivían en condiciones indignas de la persona humana, en esos infames asentamientos llamados bateyes.

3.- Descubrí que la gente pasaba hambre, es más que la gente tenía hambre siempre, hambre congénita, hambre desde que nacieron; hambre que no se les quitaba nunca. Gente que apenas mal comía una vez al día y que los niños jamás bebían leche ni la alimentación adecuada para su desarrollo.

4.- Descubrí que miles de hombres mujeres y niños vivían hacinados en espantosos barracones, achicharrados de calor, sin ventilación, sin las mínimas condiciones de higiene, en condiciones de vida más dignas de una pocilga de puercos que para familias que se veían – en su estrechez existencial - arrastrados a una incalificable promiscuidad sexual. Donde padres e hijos – varones y hembras – compartían el único camastro mugriento de la única habitación asignada por la empresa de un interminable barracón.

5.- Descubrí que estas gentes no tenían instalaciones sanitarias de ninguna clase, que sus letrinas eran los mismos cañaverales, que sus duchas eran las abrevaderos de los bueyes, que igual que los animales tenían ellos que cocinar y comer los alimentos en el sucio suelo del batey por falta de cocinas y comedores.

6.- Descubrí que la enfermedad y la muerte eran la inseparable sombra de los habitantes de los bateyes, siempre al acecho, siempre a la búsqueda de nuevas presas. Me encontré con gente que siempre estaba enferma de mil enfermedades y herida por los múltiples accidentes de la dura vida del corte de la caña. Sin acceso a la salud, a un médico, a un centro médico; a un hospital digno, a los medicamentos adecuados a sus enfermedades.

7.- Descubrí que a pesar de ser trabajadores empleados por una de las familias más ricas del país, los obreros y sus dependientes no tenían Seguro Médico; o mejor dicho, les descontaban de sus pírricos sueldos, de cada recibo de viaje de caña picada un tanto por ciento para cotizar a la Seguridad Social, pero que la empresa se quedaba con el dinero, robándoselo al trabajador y no lo tramitaba a la institución del Estado correspondiente. De esta manera, cuando el trabajador acudía en su angustia a los centros de salud a los que tenía derecho, en virtud de haber cotizado a la Seguridad Social, se le rechazaba por no tener la empresa los pagos al día. En el año 2003 la deuda de la Casa Vicini con el Instituto Dominicano de Seguridad Social (IDSS) superaba con creces los diez millones de pesos dominicanos (RD$ 10.000.000).

8.- Descubrí que a pesar de que estos pobres trabajadores habían cotizado todos los días al Fondo de Pensiones, al final de su vida no tenían nada, absolutamente nada; como mucho, la caridad de sus pobrísimos vecinos y compañeros de desgracias.
¿¡Dónde estarán esos miles de millones de pesos, defraudados a multitudes de trabajadores de la caña azucarera durante tantas décadas!? ¿¡En qué bolsillos!? Y así, los ancianos, como chatarra humana de la familia Vicini, cual desguace moribundo, quedaban arrinconados en cualquier cuchitril o barracón mugriento hasta que la misericordiosa muerte pusiera punto final a una vida miserable y absurda.

9.- Descubrí que la inmensa mayoría de los niños no tenían acceso a ningún tipo de Educación; que las escuelas (por llamar algo a esos habitáculos llenos de sillas rotas) estaban a muchos kilómetros de distancia de los bateyes y que era imposible que niños tan pequeños pudieran caminar a través de un mar de lodo y fango hasta esas casuchas eufemísticamente llamadas “escuelas” por la Compañía Vicini o la Secretaría de Estado de Educación.

Era desolador ver a esos niños caminando en grupos de quince o veinte, desde las seis de la mañana, rumbo a esas miserables habitáculos de escuela, tratando de subirse a cualquier vehículo: un tractor, una carreta reventando de caña; una moto con tres y cuatro pasajeros; un vagón de tren, cualquier cosa que pudiera acercarles un poco a su absurdo destino. Pensaba en la angustia de esas madres al ver a sus chiquitines marchar solos y tan lejos, entre tantos peligros, con sus uniformes escolares comprados a expensas de quedarse sin comer más de un día, reciclado de hermano a hermano, de vecino a vecino; sin saber esos padres los peligros que le depararían esos caminos desolados a sus pequeños.

¡Cuántas veces me encontré con niños y niñas que esperaban a un compañerito de la tanda de la mañana que regresara de la escuelita para ponerse el uniforme asqueroso y sudado o las chancletas rotas que el que llegaba se quitaba para marchar corriendo a la tanda de la tarde!

¡Cuántos padres no habrán sentido encogérseles el corazón de angustia al no saber los peligros que sus hijos habrían de enfrentar! El continuo riesgo de que sus hijos pudieran caer de una carreta de caña o ser arrollados por los gigantescos neumáticos de un tractor; o ser aplastados al caer de cualquier moto; o peor aún caer en las manos de cualquier conductor despiadado, cualquier depredador sexual que pudiera hacerle daño a uno de sus pequeños. Es espantoso pensar la cantidad de niños y niñas que por tratar de llegar heroicamente a una “escuela” han caído en manos de personas infames y sin escrúpulos y han sido brutalmente abusados sexualmente.

Recuerdo de aquellos primeros años a la profe Chea – la maestra del batey Contador perteneciente a la familia Vicini – Lo recuerdo como si fuera hoy mismo. En una casita diminuta llevaba más de diez años dando clase (intentando dar clase) a setenta y ocho niños (sí, han oído bien, 78 niños y niñas). La pobre mujer, para poder introducirlos a todos en el aula en un destartalado pupitre de dos niños, conseguía sentar hasta a cuatro estudiantes. Para ello tenían que poner cada uno su brazo izquierdo detrás de la espalda para no molestar al compañero. Y recuerdo perfectamente como cuando empezó a llegar algo de desayuno escolar, le daban veinticinco bollitos diminutos que ella con verdadera habilidad quirúrgica dividía en tres o cuatro pedacitos para distribuirlos miga a miga entre sus estudiantes… ¡Cuantas generaciones de niños y niñas habrán creído que iban a la escuela cuando en realidad lo único que se lograba era convertir esos habitáculos espantosos en almacenes infantiles donde nadie aprendía casi nada!

A esto habría que añadir que además era muy frecuente que después de que esos pequeños hubiesen recorrido bajo el implacable sol del Caribe o los torrenciales diluvios del Trópico, el interminable camino hasta “la escuela”… se oía decir a alguien: “Hoy no viene la maestra…” para acto seguido iniciar el camino de vuelta, con el mismo sacrificio, los mismos peligros, el mismo desencanto, la misma sensación de que el esfuerzo no había servido para nada y esa imperceptible convicción de que ellos y sus familias formaban parte del último eslabón social, de la escoria de la humanidad.

Si alguno de ustedes se preguntara sencillamente: “y ¿por qué no venía la maestra?” la respuesta eran sencilla: en la mayoría de los casos, porque no le daba la gana de ir, porque tenía otras cosas que hacer, porque se había tomado el día libre, perfectamente consciente de que nadie les iba a supervisar en esos lugares tan inhóspitos. En otras ocasiones, porque los maestros y maestras se enfrentaban a las mismas dificultades que los estudiantes: los caminos intransitables, la falta de medios de cualquier tipo de locomoción, las inclemencias del tiempo, y sobre todo la falta de motivación laboral ante una tarea a todas luces vista, bastante inútil e improductiva.

Quizá la situación de las escuelas en los bateyes fuese para mí en ese tiempo el más patente y elocuente testimonio de la nula inversión social de la familia Vicini a favor de sus trabajadores y familias. Por lo demás ¿qué interés podría tener esta familia en mejorar el nivel educativo de sus empleados cuando su analfabetismo existencial les había reportado tradicionalmente tan pingues beneficios?

10.- Descubrí el espantoso hastío de los bateyes, el ocio congénito, el aburrimiento total de mayores y pequeños. Los bateyes no eran sino núcleos de población dispersos en medio de un mar de cañaverales interminables, lejos de todo entretenimiento sano o diversión; almacenes de seres humanos cuya única finalidad era picar caña hasta el último aliento de su vida. Como si el ser humano no tuviera otras necesidades, como si mejorar o dignificar sus condiciones de vida fuese un despilfarro de dinero innecesario para la empresa.

Sobre todo, después del huracán Georges la mayoría de los bateyes quedaron desprovistos de la única enramada o sombrajo que les diera algo de resguardo ante el implacable sol tropical, lugar de reunión y descanso que fomentara las relaciones humanas y la socialización entre personas.

El ocio y el aburrimiento “madre de todos los vicios”, convertían el batey en un auténtico burdel de todos los vicios más inconfesables. El abuso de las mujeres, de las adolescentes e incluso de los niños, por parte de los jefecillos y los hombres en general, creaba un ambiente de inmoralidad, de degradación humana, de embrutecimiento de la persona. Una especie de lucha por la sobrevivencia, donde el pírrico sueldo de una existencia maldita – único sustento de las familias – se podía malgastar en un rato de placer con cualquier prostituta hambrienta y madre de familia o en una chata de romo que durante unos momentos pudiera hacer olvidar el espantoso rosario de miserias de estos espectros de humanidad.

Todo esto, obviamente exacerbado por el hecho de que en el batey no hay otra ley sino la de la empresa.

11.- Descubrí por primera vez en mi vida lo que significa la libertad, el derecho a ser libre o lo terrible que es vivir sin Libertad. Progresivamente fui cayendo en la cuenta que los cañaverales de esta familia y de la industria azucarera en general no eran sino como una gran reserva de animales, un zoológico humano: mientras el monito estuviera tranquilo en la jaula, y se dedicara a hacer las monerías que sus cuidadores le indicaran le daban de comer, y cuidarían, pero… si el mono se escapara de la jaula para ser LIBRE, su vida correría peligro. Nunca tuvo mayor sentido para mí el título del famoso libro de sicología: “El miedo a la libertad”. Eso es lo que descubrí en esas gentes, el terror a ser libres, un precio demasiado alto, algo que a nadie le compensaba.

¿Valía la pena ser libre a costa del riesgo continuo de ser deportado? ¿De caer en las redadas de la Dirección General de Migración o peor aún del Ejercito Nacional? ¿Valía la pena vivir como un prófugo, sin documentos, sin protección legal, sin estatus jurídico; sin acceso al mercado laboral; sin poder adquisitivo alguno (por falta de trabajo y estar totalmente indocumentados)?

Ellos se preguntaban y me lo preguntaba yo ¿Cuáles eran las ventajas de estos trabajadores, de estos hombres y mujeres confiados a mi cuidado pastoral, de luchar por la libertad? ¿Mejoraba en algo su calidad de vida por el hecho de ser libres? No. Y en ese caso ¿no era mejor vivir esclavizados en las malditas plantaciones azucareras teniendo al menos un precario techo sobre sus cabezas y un abusivo trabajo que al menos le posibilitara sobrevivir cada día junto a sus hijos?

Al ver padecer a estas pobres gentes me pregunté por primera vez en mi vida:

¿Qué es ser libre?

¿Para qué les servía a los pobres la libertad si por ella su vida se volvía más miserable aún?
Era un espectáculo espantoso. Me resultaba completamente aterrador contemplar a esos prepotentes guardas campestres a lomos de sus caballerías, rifle en mano y la gorra con las siglas “ICC” (Ingenio Cristóbal Colón, el ingenio de la factoría azucarera perteneciente al Consorcio Vicini), patrullando las plantaciones de sus amos. Atentos sobre todo a los posibles intentos de fuga de los braceros reclutados y traídos desde Haití entre engaños, amenazas y falsas promesas.

¡Cuántos pobres muchachos haitianos, aterrados, confundidos, desorientados, muertos de miedo, trataban de fugarse de las plantaciones, al amparo de la noche, escondidos entre cañaverales, sin saber a dónde ir!

¡Cuántos eran atrapados como animales, arrastrados de vuelta al batey, encerrados en la caseta del abono o cualquier otra improvisada mazmorra, durante días y noches, al capricho de los jefezuelos de turno. Sin beber, sin comer sin apenas dormir, durante días interminables… para escarmiento del propio individuo y ejemplo disuasorio de sus compañeros!

¡Cuántos, en su encierro carcelario, eran brutalmente apaleados a planazos de machete, produciéndoles terribles heridas físicas y emocionales! ¡A cuantos, año tras año, se les confiscaban sus humildes mochilas y petates para que a falta de sus pertenencias no sintieran la tentación de escapar de ese “estado dentro de un estado” que era el cañaveral!

Y en ese “estado dentro de un estado” que era y sigue siendo el campo de caña, descubrí que allí no había ni más ley, ni más derechos, ni más código penal o laboral, ni más acceso a la justicia que la palabra caprichosa de una familia, la palabra de la familia Vicini, ejecutada por sus serviles subalternos.
Palabra que únicamente velaba por proteger la avaricia económica y aumentar una fortuna ya de por sí, incalculable.

No dudé desde ese momento en denominar la falta de libertad de los trabajadores: privados de libre tránsito; del derecho a congregarse; de la libertad de culto; privados del derecho a asociarse en sindicatos independientes y a expresar sin temor a las represalias sus propias opiniones (tal como consagran los diversos artículos de la Constitución Dominicana); no dudé en denominarlo: TERRORISMO EMPRESARIAL.

12.- Descubrí que nadie tenía derecho a un documento de identidad o laboral y que no era casualidad, tanto por parte de la empresa como de las autoridades del estado. De esta manera, era muy fácil retener al trabajador en la plantación gracias a este limbo legal. Era evidente que las autoridades migratorias jamás llevaban a cabo redadas para deportar haitianos dentro de las plantaciones, ya que dicha perdida de mano de obra barata cuasi esclava afectaría los intereses económicos de estas riquísimas familias. Sobre todo, teniendo en cuenta que a estas familias el Estado las veneraba con terror ante su omnipotente poder. De esta forma, la privación de un documento suponía que el individuo y su familia carecían de estatus legal en el país, por tanto, no existían. Y si no existía legalmente ¿¡cómo podía reclamar sus derechos!?

13.- Descubrí, para mi asombro, que había sido enviado a pastorear una grey que no sólo carecía de la posibilidad de reclamar sus derechos, sino que, mucho peor, aún ni siquiera entendía el concepto “derechos”. Es decir, cuando trataba de explicarle a la gente, de manera individual o colectiva que tenía derechos y que era importante que los reclamaran y exigieran, me miraban como si hubiese venido de otro planeta; no entendían nada; era un lenguaje que les resultaba tan ajeno; algo que en todo caso era para la gente blanca, no para los prietos. Asentían con la cabeza pero no entendían nada, definitivamente, ni la palabra ni el concepto formaba parte de su situación existencial.

Sólo Dios sabe las horas y los días y los años que habremos invertido para explicarles a las gentes la palabra “derecho”. Resultaba tan desesperante decirle a un hombre, por ejemplo: “es que usted tiene derecho a que le paguen en dinero en efectivo, no con vales y recibos” Sencillamente no entendía nada. O a una mujer con su niño gravemente enfermo entre sus brazos: “señora, vaya al hospital, usted tiene derecho a que le atienda gratis porque su marido, que es empleado de esta empresa está pagando un seguro…” Se me quedaba mirando, asentía con la cabeza, pero a continuación me repetía por enésima vez: “no puedo ir porque sin cuartos no me atienden”.

A este respecto, uno de los momentos más importantes de todo este proceso fue la tarde que repartimos cientos de ejemplares de divulgación de la Constitución Dominicana a los trabajadores. En su enfado, los superintendentes y demás jefes nos repetían que para qué tenía la gente que saber esas cosas, que lo único que queríamos lograr era soliviantar al personal.

Y por último, siempre me quedaba la duda de si valía la pena hablarles a estas gentes de cosas que aparentemente eran – al menos en un principio - inalcanzables para ellos. Andando el tiempo habría de descubrir que no sólo había valido la pena, sino que se había convertido en uno de los pilares de toda mi misión pastoral, siguiendo la voz del Evangelio y de manera específica la enseñanzas de la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual del Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes.

14.- Descubrí horrorizado gracias a una sería de circunstancias fortuitas que dentro de los límites de mi parroquia y junto al los bateyes de Cayacoa y Dos Hermanos correspondientes a la familia Vicini había un Cementerio clandestino, lleno de enterramientos. Algunos se notaba que eran antiguos; sin embargo, otros eran evidentemente tumbas muy recientes, ya que la tierra estaba removida.

Había tenido noticia de este lugar por uno de los “buscones” o traficantes de braceros al servicio del Consorcio, llamado Darío. Me confío el hecho de que uno de los máximos responsables del tráfico anual de braceros desde la frontera llamado Merité, había golpeado a un hombre al subirse al autobús en el campamento clandestino de la frontera más allá de Duvergé y al llegar a las tres de la mañana al batey de Copeyito de la familia Vicini, estaba muerto. Me contó como los jefes del Consorcio rápidamente, sin orden judicial, ni permiso del Ayuntamiento, ni presencia de médico legista alguno, habían metido el cadáver en una improvisada y destartalada caja, lo habían cargado en una carreta de caña, tirada por un tractor y lo habían trasladado de madrugada a dicho improvisado cementerio, en medio de un cañaveral y, tras previo pago de unas botellas de aguardiente a dos haitianos, lo habían enterrado precipitadamente como si nada hubiese pasado.

¡Cuántas veces me quedé mirando ese cementerio con sus cientos de promontorios de tierra removida! Siempre pensaba en todas esas tumbas, en esos muertos; gente inocente, enterrada como animales, sin cruz, sin caja, sin lápida, sin nombre, sin fecha, sin responsos… Una industria despiadada para quien sus muertos eran sólo eso: simple chatarra y… abono de la tierra para su maldita caña. Pensaba en todas esas madres, en las esposas y los hijos que ellos pensaban en Haití que estaban vivos y que sencillamente se habían olvidado de su gente y que, sin embargo hacía tiempo que yacían bajo el mismo lodo de la caña que poco a poco les había ido devorando.
15.- Descubrí algo para mí hasta entonces totalmente desconocido: que la caña la sembraban niños y niñas pequeños de siete a doce años. Era el Trabajo infantil. Por unos veinte céntimos de euro, un niño podía trabajar toda la mañana al servicio de un ajustero. Era espantoso, te partía el corazón ver esos pequeñines cargados con brazadas imposibles de caña para esparcirlas por los interminables surcos arados para la siembra. Desde las seis de la mañana, vestidos de harapos, medio desnudos, cuando todavía no había amanecido el sol; ya andaban descalzos hacia los sembrados esa turba indigente de chiquillos dispuestos a arañar unas moneditas que aportar a la pírrica economía familiar.

Niños que nada habían sabido de juegos, ni de cuentos, ni de sueños, ni de ropa limpia, ni regalos de cumpleaños… niños para quienes la Navidad no era sino un día más de absurda miseria; niños y más niños para una industria insaciable; niños que manejaban mucho mejor el machete que el lápiz de colores; niños para una nueva generación de vidas arruinadas por la brutalidad de una industria cuyas raíces estaban tan hondamente enterradas y asociadas a la esclavitud para la que fueron arrastrados de las costas africanas sus antepasados.

16.- Descubrí que estas pobres gentes ni siquiera eran pagadas por sus labores en dinero contante y sonante, sino que se les entregaban unos vales que únicamente podían ser cambiados en el colmado – la tiendecita de ultramarinos – de la misma compañía, ubicada en el mismo batey y del que el bodeguero se quedaba con hasta un diez por ciento del valor total al realizar la compra de comestibles. Esta práctica ha estado terminantemente prohibida por Organización Internacional del Trabajo (OIT) y por el Código Laboral Dominicano desde hace muchísimos años, pero ¿de qué sirven las leyes y los tratados internacionales si no hay quien vele y exija su cumplimiento con el riesgo de ser sancionados?

17.- Descubrí que los miles de empleados de la familia más rica de la República Dominicana y sus dependientes, carecían - y siguen careciendo – de todo acceso a la energía eléctrica, lámparas de aceite o keroseno, unas velitas o los resplandores tenebrosos de una triste fogata a la entrada del barracón, han sido y siguen siendo, toda la iluminación disponible para esas noches fantasmagóricas que abrazaban los bateyes y sus habitantes en un viaje a través de un túnel del tiempo hacia siglos pasados y olvidados.

Todo un espectáculo, la penumbra del batey, que tanto recordaba los tiempos tan gráficamente retratados en “La cabaña del tío Tom”. Como si el tiempo se hubiese detenido en un lejanísimo pasado y nadie más gráficamente que los haitianos para definirlo con su clásica expresión resignada: en el batey siempre “la meme bagay” que decían en su creole natal; lo mismo que decir, en el batey todo es siempre lo mismo En el batey nunca cambia nada.

18.- Aunque ya nos hemos hreferido a ello anteriormente, quizá uno de los descubrimientos más espantosos de aquellos primeros tiempos fue el infame Tráfico de personas. Cuanto más fui conociendo los mecanismos de toda esa trama cruel, más horrorizado quedaba. Mercancía humana al mejor postor. Traficantes o “buscones” pluriempleados por los consorcios azucareros de otros empleos de la industria, dedicados al comienzo de cada zafa al ir venir del trasiego constante de una masa de hasta treinta mil hombres, además de algunas mujeres, adolescentes, incluso niños. Gentes traídas con engaños a un mundo de sueños, de mesianismos terrenales. Una riada humana que fatalmente siempre, infaliblemente, desembocaba en el infierno del cañaveral.

La visita a los campamentos clandestinos de Puerto Escondido, el puesto militar de El Aguacate; los pingues sobornos a militares y demás autoridades; las semanas de espera en las montañas de la frontera hasta que quedara completado “el viaje” hacía los bateyes de los ingenios privados o los del Consejo Estatal de Azúcar (CEA); las hambres y las enfermedades fermentadas por las deplorables condiciones de alimentación, salubridad e higiene; la bajada de las montañas en camiones de carga al caer la noche; el traslado a las guaguas y autobuses junto al salto de agua y, a eso de las once, con la complicidad de la oscuridad, la procesión mortal de diez, quince y hasta veinte autobuses destartalados, atravesando llanuras y montañas, pueblos, ciudades y descampados, rumbo a esos campos de concentración caribeños de los que no se sale jamás: Así podía comenzar una nueva zafra.

Y en todo ese trayecto, los golpes, las amenazas, las palabras soeces de estos modernos mercaderes de miserias ¡Cuánto miedo, incertidumbres y dudas anidarán en los corazones de tantos miles y miles de seres humanos que desde hace siglos, todos los años, creyendo que al dejar sus familias y sus tierras en la certeza de un trabajo y una vida mejor, sin sospecharlo ellos, iban camino de una vida espantosa de la que no habrían de regresar jamás.

19.- Descubrí que igual que decían los judíos del exterminio que de los campos de concentración sólo se sale por las chimeneas de los crematorios; de los campos de caña sólo se salía hecho bagazo del ingenio para abono de los cañaverales.

Si alguien me preguntara que dónde estaría hoy la clave para que la vida de estos picadores cambiara decisivamente, sin dudarlo diría que: en el pesaje de la caña.

Definitivamente, el fraude está en el peso.

De tal manera, que en el fondo, da igual a cuanto se pague la tonelada de caña. Ya que por más que aumente el precio de la tonelada, las compañías tradicionalmente lo compensaban “calzando” los pesos.
En este sentido, algo que ha empeorado sustancialmente en las plantaciones de los Vicini, es que ahora la caña la pesan de noche, para que no pueda estar presente el picador que la picó. De esta manera, el fraude es más simple de llevar a cabo.

20.- Descubrí la importancia que tiene para la dignidad y la seguridad de cualquier trabajador y sus dependientes el estar en posesión de un Contrato de Trabajo. Fue esta una de las primeras reivindicaciones que desde el principio exigimos a la industria azucarera, a los ejecutivos del CEA y sobre todo al Consorcio Vicini. La inseguridad laboral dejaba siempre al empleado a merced de los caprichos y humores del patrón.

Definitivamente, constaté con evidencia aplastante que el que tiene el dinero tiene el poder; que quien no tiene dinero: ni es nada ni tiene nada en esta vida sino es por la “misericordia” de su amo.

Me sorprendió tremendamente la reticencia y la aversión que los ejecutivos de la empresa mostraban, escabulléndose tras ridículas argucias legales, a otorgarles a sus empleados un instrumento laboral que regulase de manera sencilla y clara los derechos y obligaciones de obreros y patrones.

El sueño de que un día pueda cada trabajador, por humilde o insignificante que sea su oficio, disponer de un contrato de trabajo, avalado por la Secretaria de Estado de Trabajo, aunque hoy por hoy es, por ahora, sólo eso: un sueño. Y, sin embargo, es una de los logros que con mayor tenacidad perseguimos quienes en nombre de Cristo estamos comprometidos en esta causa.

Y vuelven a resonar en los oídos de mi corazón las palabras de mi querido Papa Juan Pablo II, aquella ya lejana pero inolvidable mañana de mi ordenación sacerdotal:
“Queridos hijos, comprometeos en todas las causas justas de los trabajadores…”

21.- Descubrí a lo largo de estos años algo espantoso, algo inimaginable e inaudito, algo imposible de entender para quien no lo ha vivido: el terror.

El miedo como el motor, la gasolina que hacía funcionar esta industria y causa eficiente de todo un sistema productivo. El miedo es algo que no puede ser fotografiado, contabilizado en una estadística; ni puede ser cuantificado; ni es algo que se pone y se quita.

Descubrí que la piedra angular del entramado de estas empresas era el terrorismo industrial. Sin el miedo, todo se desmoronaba. El terror era como el pegamento que mantenía diabólicamente cohesionada toda la cultura de la industria azucarera.

Era un miedo inculcado desde que se nace en el alma de los más pequeños; un terror que se transmite de padres a hijos, de generación en generación, como parte de su desgraciada herencia. Quien no ha vivido aterrorizado toda su vida, es imposible que entienda lo que es de verdad el miedo. Miedo a todo, miedo a todos, miedo porque uno sabe que no es nada ni tiene nada seguro en este mundo, miedo al amo, miedo a los demás, miedo a los jefes. Un miedo que convierte al ser humano en un mentiroso patológico; un miedo que lleva a mentir, por todo y por cualquier cosa; para sobrevivir. Gentes que vivían aterrorizadas todos los días de su vida. Un terror que destruye a la persona moralmente y la convierte en un zombi laboral.

22.- Descubrí al entrar por la famosa “puerta de tubo” a las plantaciones azucareras que la vida humana, la vida de estas pobres gentes no valía nada. Descubrí que para estas empresas, para estas familias multimillonarias la vida humana era sólo un instrumento de trabajo y que con ella se había establecido una relación puramente utilitarista, “de usar y tirar”; que los empleados eran “material desechable”; las mujeres y los niños un estorbo necesario como apéndice incómodo del bienestar de sus empleados.

Descubrí horrorizado y escandalizado que los miles de bueyes que arrastraban las carretas de caña hasta las estaciones de pesaje tenían seguro – cada uno, cada buey – su póliza de seguro. Descubrí que si un buey sufría un accidente, inmediatamente se llamaba al veterinario que venía a toda prisa al lugar más recóndito para atender al animal; sin embargo, si un picador de sus mismas plantaciones (no digamos ya una mujer o un niño) sufría un accidente, se enfermaba o requería cualquier atención médica, nadie hacía nada por él, la familia o sus mismos compañeros tenían que pasar un auténtico calvario, una odisea hasta llegar – frecuentemente a muchos kilómetros de distancia - al primer puesto de socorro. Si después de tantas peripecias conseguía llegar a dicho puesto, con frecuencia no había medicinas, o no estaba el médico o lo hreferían a la ciudad (unos cincuenta kilómetros de distancia). Si conseguía llegar a la ciudad, y si conseguía que allí alguien le atendiera, era frecuente que el pobre hombre no tuviese dinero para pagar el medicamento y mucho menos, dinero para pagarse el pasaje de regreso a su batey.

Mientras estaba herido el picador, lógicamente no podía trabajar, mientras no trabajara, no cobraba, mientras no cobrara no comían ni él ni su familia.

La triste ironía de todo esto es que el buey no pagaba seguro pero estaba asegurado y recibía atención médica; al contrario, el picador sí pagaba su seguro pero no recibía la atención médica a la que tenía derecho.
Luego comprendí que había una macabra lógica de tras de todo esto, era sólo cuestión de números, en definitiva, pura y simplemente de dinero. Un buey le costaba a la empresa cerca de treinta mil pesos, pero traer un haitiano engañando y traficado desde su casa en Haití hasta las plantaciones del Este del país no costaba más de tres o cuatro mil pesos, después de haber pagado transportes y sobornos varios.
Resumiendo, un buey era mucho más valioso a la empresa que un ser humano.

23.- Descubrí muchas cosas más pero no les canso con más “descubrimientos”. Sin embargo, en la macabra lógica de la empresa hay dos personajes que sobresalen con nombre propios. No se trata de los dueños, ni de altos ejecutivos, no son los nombres de algún accionista señalado. En realidad me hrefiero a dos personas, aparentemente pobres, casi siempre mal vestidos; uno es incluso de origen haitiano, el otro dominicano, y no obstante se trata de dos individuos absolutamente claves para el funcionamiento rentable de toda la industria. Dos nombres malditos para todos los trabajadores de los bateyes, sobre todo y ante todo, para los picadores.

Uno se llama Merité y el otro Profeta. Sólo conocemos sus apodos o pseudónimos, pero les aseguro que los Vicini conocen esos dos nombres muchísimo mejor que el de cualquier ejecutivo o accionista de la empresa. Y les garantizo que con muchísima más facilidad serían capaces de despedir al mismísimo presidente de la compañía, Campos de Moya, que a cualquiera de ellos dos.

La misión de Profeta son los pesos. Profeta se pasea todos los días sobre todo en tiempo de zafra, de batey en batey, de estación de pesaje en estación de pesaje; sin prisa, en su tractorcito destartalado marca FIAT (todos los tractores y toda la maquinaria agrícola de los Vicini es de esta marca italiana dado que son accionistas importantes de dicha multinacional) y un remolque amarillo que rueda de milagro. Su sola presencia mueve a la compasión: viejito, desaliñado, bajito, “pocacosa”… Nunca las apariencias engañaron tanto como en el caso de este personaje. Su misión en teoría es arreglar las estaciones de pesaje: las cadenas, las poleas, los motores de gasoil que levantan la caña… Sin embargo, en la práctica su trabajo es otro muy diferente. Profeta es el hombre que “calza” los pesos, los truca para que no pesen lo que tienen que pesar. Para que la empresa pueda seguir robando y estafándole a los miles de braceros que para su asombro y pasmo ven que todas las carretas, lleven la cantidad de caña que lleven, siempre, misteriosamente, pesan lo mismo.

Da igual a lo que los Vicini o el CEA o los Fanjul paguen la tonelada de caña cada año. Profeta es el hombre responsable de equilibrar los presupuestos de los Vicini. Personaje, por tanto, mucho más importante que el mismísimo Director Financiero de la corporación.

Profeta no hace todo esto, claro está, por amor a la Compañía. Profeta se mete en el bolsillo miles y miles de pesos cada día del dinero robado a los pobres picadores de caña. Pero Profeta es listo y sabe con qué empleados tiene que repartir los pingues beneficios.

Por eso, si alguna vez vais a los bateyes de los Vicini y os cruzáis en cualquier carril con un tractorcito rojo destartalado con un remolque amarillo, que no os engañen las apariencias, ese tractorista lleva los bolsillos llenos de los fajos de billetes de los Vicini y la sangre, el sudor y las lágrimas del pueblo haitiano.
El otro personaje es Merité.

Es una pieza absolutamente clave, entre otras cosas, porque sin él, Profeta jamás podría hacer lo que hace.
Merité es muchas cosas para la empresa. Oficialmente, en la nómina figura como guarda campestre del batey Contador del Consorcio Vicini. Vive en una casa propiedad de la empresa, de color azul, entrando en el batey a mano izquierda.

Sin embargo, su misión fundamental, la que le hace imprescindible es la de ser el capo de todos los buscones de la empresa. Es el que desde hace muchos años organiza a toda una red inmensa de otros buscones que, tanto en República Dominicana como en Haití se dedican a reclutar con engaños y falsas promesas a miles y miles de hombres desesperados y hambrientos.

Mientras no esté presente Merité en los campamentos de las montañas en la frontera, no hay viaje. Él lo coordina todo y maneja millones de pesos del Consorcio Vicini: para pagar a sus buscones subalternos; para pagar los camiones y autobuses que transportarán su mercancía humana; para pagar los sobornos de militares, policías y demás autoridades involucradas en tan delictivas actividades.

Merité es en ese momento dueño absoluto de la vida y la suerte de esos seres humanos; siempre va armado y protegido por sus lugartenientes (empleados también de la empresa) y allí se hace lo que diga él y punto.
Al llegar al batey Copeyito – siempre con nocturnidad para que el paso de los vehículos de oeste a este del país no sea percibida por nadie – es él quien coordina con la autoridades del ingenio Cristóbal Colón la distribución de esa masa humana a los diferentes bateyes (antes el administrador se llamaba Ricardo Hernández y en estos momentos se llama Juan Tejada).

Una vez que su cargamento ha sido transportado a los respectivos bateyes de la empresa, en carretas de carga tiradas por tractores; la misión de Merité es más de coacción y vigilancia. A lomos de su caballo, coordina con los demás guarda campestres la supervisión de los trabajadores recién llegados, para que no se escapen de las plantaciones y cumplan con los deseos de sus jefes: superintendentes, mayordomos, etc.…
Merité ha matado gente, ha hecho desaparecer gente, ha mutilado y lesionado gente. Pero Merité no tiene miedo, sabe para quién trabaja y que quienes le amparan – al menos en República Dominicana – son todopoderosos y están por encima de la ley, del gobierno y de toda autoridad. Sabe que sus jefes lo pueden todo y que nadie jamás dirá nada porque todo el mundo en República Dominicana vive aterrado de esta familia.

Recuerdo como si fuera ahora mismo que una noche en el silencio de mi capillita le juré al Cristo que con la fuerza de su gracia lucharía hasta la muerte por las gentes que la Iglesia me había confiado.
Mirándole a Él en la cruz le prometí en una oración sencilla salida de las entrañas de mi alma, que por amor a Él presente en cada uno de estos pobres, que a partir de este momento este cura no tenía marcha atrás; que este cura jamás daría un paso atrás ni para tomar impulso. Le prometí a Dios que por amor y por ayudar a estas gentes a que cambiara su espantosa vida, estaba dispuesto a sufrirlo todo: calumnias, insultos, amenazas, desprecios, seducciones, intimidaciones, peligro para mi vida. Le jure a Dios que estaba dispuesto a todo con la ayuda de su gracia, aunque me costara la sangre, incluso la vida.
Desde ese momento fui un hombre nuevo, radicalmente diferente.

Descubrí de manera existencial que el mismo día de mi ordenación sacerdotal, no sólo fui consagrado por el Espíritu para celebrar los sacramentos en nombre de Cristo; sino que, desde ese mismo instante podía decir que: “el Espíritu del Señor está sobre mí, Él me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres”. En definitiva, que no sólo había sido consagrado sacerdote, sino también profeta para mi pueblo.

No es tarea mía sintetizar, ni siquiera de manera breve, todo lo realizado para que la vida de estas gentes, sometidas a este régimen esclavista, se haya transformado tan profundamente. Otros más cualificados que yo lo harán a lo largo de esta conferencia.

Mi única razón para aceptar la invitación de los organizadores a participar de este evento es la de dar testimonio de Jesucristo, muerto y resucitado. Porque creo firmemente, con cada fibra de mi ser que sólo Él es el Señor de la historia; sólo Él es el Alfa y la Omega; solamente a Él le pertenecen el tiempo y la eternidad ¡¡A Jesucristo únicamente sea la gloria, el poder y el honor por los siglos de los siglos!!

Y no son estas palabras huecas, palabras vacías o simplemente palabras piadosas. Díganme sino ¿Qué otra cosa podría explicar todo lo ocurrido a lo largo de todos estos años apasionantes? ¿Cómo se explica que un grupito de gente tan frágil, con medios tan escasos, sin poder ni prestigio social hayan podido contribuir tan decisivamente a la transformación de toda una industria y sin temor a exagerar, de un país entero?

¿Qué otra explicación sino la de que Jesucristo siempre “escoge lo que no cuenta en este mundo para confundir a lo que cuenta”? ¿Quién sino el Señor, pudo haber realizado esta obra tan extraordinaria en tan brevísimo tiempo?

No hemos tenido otro lema y otras palabras de inspiración a lo largo de todo este proceso que las mismas palabras de Cristo resucitado a sus apóstoles:

“¡Ánimo, no tengan miedo, SOY YO!”

Palabras que, como todos bien recordamos, fueron el primer anuncio del gran Juan Pablo II tras su elección a la barca de Pedro: “No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo”.

¿Por qué fueron tan cruciales estas palabras de Jesucristo? Pues precisamente por todo lo expuesto anteriormente respecto del miedo como cimiento y fundamento de la industria azucarera. Dado que el miedo era el elemento fundamental que mantenía la cohesión de este sistema opresivo y esclavista; era congruente pensar que únicamente en la medida en que un grupo de mujeres y hombres intrépidos y apasionados por una causa se atreviera a vencer el miedo; fuesen valientes y decididos.

No me cabe la menor duda de que la clave del extraordinario éxito que entre todos hemos logrado está en el entramado de gente providencial que el Señor fue llamando a comprometerse en una misma causa; esa gente que fue respondiendo a la llamada de Dios y que iba apareciendo justo en el momento oportuno; gente dispuesta a todo; gente generosa; gente maravillosa; gente de una calidad humana y cristiana que yo no había conocido jamás; gentes que aportando lo mejor de sí mismos, han dejado para siempre una huella imborrable en la historia de este maravilloso país llamado República Dominicana, contribuyendo decisivamente en la transformación de una industria y en las secuelas de un régimen típicamente esclavista. Gentes, por último con las que ha sido un verdadero honor trabajar; gentes por las que siempre habré de dar gracias a Dios por haberlas conocido.

Es verdad que esta apasionante historia ha tenido protagonistas y quiero hacer justicia al señalar claramente quienes son. Sin embargo, permítanme a modo de preámbulo, aclararles quienes definitivamente no son los protagonistas de esta historia.

Que no quede sombra de duda. El que es menos es protagonista de esta historia es el Padre Christopher Hartley Sartorius.

Tampoco son los protagonistas ni mi querido amigo el Padre Pierre Ruquoy; ni la doctora Méndez; ni la Embajada de los Estados Unidos; ni Amnistía Internacional u otra de las organizaciones de Derechos Humanos; ni lo es Sonia Pierre; ni Céline Anaya o los demás magníficos organizadores de este evento.
Los verdaderos protagonistas de esta historia de lucha y sacrificio, coraje y transformación social y humana, son los trabajadores de la industria azucarera.

Sé que todos mis compañeros de esta causa comparten conmigo de todo corazón esta percepción.
Los son los trabajadores, por muchas razones: porque se fiaron de nosotros; porque han sufrido en su carne y en su vida, desde generaciones y generaciones el peso de esta lacra social y el estigma que sella sus vidas desde que nacen en el batey o llegan a él; lo son porque ellos se lo han jugado todo en este proceso, la vida, el puesto de trabajo, su seguridad personal, la pérdida de su vivienda, las amenazas a ellos y a sus familias, la marginación por parte de la empresa… Son los protagonistas porque son los protagonistas de la misma injusticia que todos combatimos. Son los protagonistas porque nosotros tenemos a donde ir, tenemos otras seguridades y estructuras que nos amparan y protegen.

A todos esos trabajadores que cada día de su vida sufrieron la injusticia, el abuso, el atropello, el golpe, la estafa, el sentimiento de impotencia ante el rico y el poderoso. A todos esos hombres, mujeres y niños; a todos esos ancianos que hoy languidecen a la puerta de un barracón esperando la misericordiosa muerte, como único fin a una vida absurda, irrelevante, de innecesarias penurias, fruto de la avaricia de una industria y la codicia de unas familias. A todos ellos, como pedazos de un Cristo roto, siempre con angustias de Gólgota en el alma; a todos ellos rindo hoy homenaje, porque solamente ellos saben lo pesado que es el yugo que la industria del amargo azúcar les ha impuesto durante siglos.

Beso en cada uno las llagas de un Cristo, crucificado en incontables calvarios; parapetados tras los inmensos muros de los interminables cañaverales de la República Dominicana.

A todos ellos doy las gracias, porque sin conocerme de nada, me acogieron en sus vidas, me abrieron sus corazones, creyeron en mí sin haber hecho nada yo para merecerlo; gracias todos ellos porque mucho más allá de unas reivindicaciones concretas, me ofrecieron su amistad incondicional y la fidelidad a la palabra dada.

¡Y qué bien dice la Palabra de Dios que: “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”! En esos campos ahora para mí lejanos he dejado cantidad de amigos, amigos fieles, amigos cuyos nombres y rostros me acompañarán siempre y no olvidaré jamás. En esos campos yo he dejado un tesoro, el tesoro más maravilloso, el de los amigos. Amigos haitianos y dominicanos, amigos con quienes he compartido el arroz con habichuelas y el Evangelio. Amigos con nombre y apellidos; amigos estupendos; amigos que me ayudaron a darme cuenta - como radiografía de mi alma – lo pobre que era yo por dentro; amigos que me enseñaron a confiar en Dios cuando no se tiene nada, y que me enseñaron que Dios es Padre y que es bueno y nos ama.

¡Cuánto han enriquecido mi vida los pobres y cuanto han empobrecido mi vida los ricos en todo lo vivido a lo largo de estos diez años!

Quizá, llegado a este punto muchos de ustedes se pregunten, si después de tantos años y tantos esfuerzos, han cambiado las cosas y ha mejorado la vida de estas gentes.

¡Claro que sí ha cambiado!

Todos hemos sido como eslabones de una misma cadena, donde cada uno tuvo un papel imprescindible que jugar. Donde la fidelidad y la perseverancia de unos hicieron posible la de otros. Qué duda cabe que los sacerdotes de esta historia aquí presentes, hemos tenido un papel imprescindible e insustituible, pero ¿de qué habría servido nuestro “ser voz de los sin voz”, si no hubiésemos tenido a nuestro lado, hombro con hombro, el magnífico equipo de periodistas, comunicadores, fotógrafos, realizadores, escritores y gentes del mundo de las comunicaciones para hacerse eco de nuestra voz? Y ¿quién nos hubiese hecho caso sin la colaboración y la presencia en los bateyes como el Embajador de Los Estados Unidos de América, Hans Hertell; la Embajadora de España, María Jesús Figa; el Embajador de la Unión Europea, Miguel Amado; o el Embajador de Francia, François-Xavier Deniau?

Es impresionante, cuando uno piensa que al día siguiente de la visita de estos Embajadores a los bateyes de los Vicini, el 6 de Febrero de 2004 (visita que por todos los medios trató la familia Vicini de impedir); la compañía derrumbó todos los barracones de madera de los bateyes de Cánepa, Brujuela Norte, Cayacoa, Amelia, Peguerito, entre otros. Barracones que habían albergado las miserables vidas de estos braceros durante más de sesenta años. No tenían esos embajadores obligación alguna por su cargo de realizar tan delicada visita ¡pero la hicieron! Y ese, entre otros muchos, fue el fruto de su generosidad y valentía. Nadie iba a derrumbar un barracón sólo porque yo lo visitara.

Repito, todos hemos tenido una misión, limitada en el tiempo y en las realizaciones, pero misión que ha posibilitado la de otros. Ha sido el conjunto de todos los esfuerzos lo que ha hecho posible tantos cambios en tan poco espacio de tiempo.

Los cambios más notables que podría enumerar en estos momentos como fruto de nuestros esfuerzos serían:
a.- El pago en efectivo y no en vales.
b.- Ha cesado la violencia física de los jefes.
c.- Ya no se trafica con seres humanos, al menos en las cantidades que se hacía en años pasados.
d.- El respeto a la libre circulación de personas desde y hacia los bateyes sin temor a coacción.
e.- La eliminación de las peores formas de trabajo infantil.
f.- La carnetización de los trabajadores.
g.- El mejoramiento de la estructura escolar con la participación decisiva de de la Secretaría de Estado de Educación.
h.- El mejoramiento del alojamiento de sus trabajadores, con cocinas, duchas, letrinas…

Estos cambios son ciertos y constatables; sin embargo, muchos podrían preguntarse ¿por qué se han producido dichos cambios precisamente en estos últimos tiempos?

Creo sin temor a errar que todo lo vivido ha sido parte de un larguísimo proceso. Una historia que tiene muchos nombres propios de hombres y mujeres que dieron lo mejor de sí mismos a lo largo de estas últimas décadas. No obstante, estoy convencido de que este muro aparentemente inexpugnable comenzó a derrumbarse y se desmoronó completamente, al punto de que ya sería totalmente imposible levantarlo de nuevo tal como existía en el pasado, porque en una época providencial de la historia, el Buen Dios escuchó el grito de su pueblo, tal como lo hizo en otro tiempo con Israel en Egipto, y suscitó colaboradores que se enfrentaron a tres de las familias más poderosas de la República Dominicana, las familias Campollo, Vicini y Fanjul.

Es decir, en la medida que se le puso nombre y apellidos al problema; según la sociedad dominicana (la Iglesia, los políticos, los comunicadores de los diferentes medios y la sociedad dominicana en general) fue cayendo en la cuenta de que no pasaba nada por decir la palabra “Vicini” en voz alta o a publicarla de manera crítica en un periódico sin temor a las represalias.

En la medida en que los dueños de estas empresas, sus ejecutivos y sus jefes a nivel de batey, se fueron dando cuenta que ya no les teníamos miedo y que esta liberación del temor también estaba contagiando hasta el más humilde bracero, en ese mismo momento la industria comprendió que había perdido todo control sobre estas aterrorizas gentes (y por temerosas no me hrefiero a los pobres picadores haitianos, sino también, políticos, eclesiásticos, miembros eminentes de la sociedad, los medios de comunicación).

Sin duda que de todo lo dicho se deriva una consecuencia muy peligrosa y preocupante respecto a las causas de todas estas transformaciones. Es decir, estas tres familias no han cambiado porque de repente se hayan dado cuenta de que todo el imperio que habían creado era un infierno para sus trabajadores; tampoco ha cambiado sobre todo porque el Estado Dominicano tenga la firme voluntad de hacer ¡por fin! cumplir las leyes e implantar de una vez por todas el estado de derecho en los campos de caña. Las cosas no han cambiado porque estas familias hayan tenido una sincera conversión de su corazón. Lamentablemente no es así.
Las cosas han cambiado (¡¡y esta es la más grande de todas las ironías!!) porque estas tres familias tienen miedo, porque el Estado Dominicano tiene miedo.

Tienen miedo a ver su imagen dañada a nivel internacional; tienen miedo a que se vean dañados sus intereses económicos; tienen temor a que quede perjudicadamente la industria del turismo; tienen miedo a perder la cuota preferencial americana y que no se les abra el mercado de la Unión Europea; tienen miedo a que por el deterioro de su imagen y el nombre de su familia se produzca un “efecto dominó” hacia sus otros negocios y empresas; tiene miedo a perder los préstamos internacionales con créditos blandos. Tienen muchos miedos inconfesables.

Los ricos también tienen miedo. Otros miedos diferentes a los que puedan atenazar el corazón de un pobre picador de caña, pero miedo al fin.

Y como lamentablemente, el mundo lo mueve el dinero y el poder. El Estado Dominicano y estas tres familias, en definitiva, sólo han cambiado: POR DINERO. O mejor dicho, por temor a que se vean afectados sus intereses económicos.

Por ello, para que no nos engañemos y no nos confiemos con la ya logrado, es bueno recordar que únicamente en la medida en que se mantenga un presión creativa (es decir, adaptable a diferentes escenarios y cambios en la situación de cada momento, con los cambios de estrategia necesarios adaptados a cada nueva situación), una presión constante y tenaz; podremos lograr la transformación de una industria esclavista a una actividad laboral, en la que los derechos y obligaciones de obreros y patronos sean respetados y exigidos por el Estado. Siendo el mismo Estado el primero en cumplir la ley, para luego poder así exigir su cumplimiento a los demás.

Doy por bien empleados todos los sufrimientos a los que me ha sometido y sigue sometiendo la familia Vicini: las campañas de difamación; las huelgas que han financiado en San José de Los Llanos; las amenazas de muerte con las que pretendieron en vano aterrorizarme; las calumnias que han difundido de mi por la radio, la TV, la prensa escrita; la presión a la que han sometido a la jerarquía de la Iglesia dominicana, la Nunciatura y la Santa Sede; el dinero que le han dado y le siguen dando a los nuevos sacerdotes de San José de Los Llanos (incluido el nuevo y flamante vehículo que les acaban de comprar) y al obispo de San Pedro; la financiación del periodicucho “El Llanero” que aún hoy sigue repartiendo infamias sobre mí y sobre tantas personas buenas que siguen dando - mal que le pese a los Vicini - lo mejor de sí mismos en los bateyes, por todo el país, a la sombra de la impunidad legal que los Vicini les proveen; la contratación de la famosa Anita Parlow y su inseparable lacaya, Carmen Ogando, para manipular a los trabajadores con falsas promesas y restañar la maltrecha imagen de esta todopoderosa y omnipresente familia en la República Dominicana y en el extranjero.

¡¡Cuánto dinero mal gastado!! ¡¡Cuánto dinero que no sirve para nada!! ¡¡Cuánto dinero derrochado para no tener que confesar su impotencia y frustración!! ¡¡Cuanta torpeza para no tener que humillarse ante la evidencia de los hechos de la historia!!