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ROMPIENDO EL SILENCIO-CONSTRUYENDO EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Iñaki de Juana Chaos abandona la huelga de hambre después de ser trasladado al Hospital Donostia

Iñaki de Juana Chaos abandona la huelga de hambre después de ser trasladado al Hospital Donostia

El representante del movimiento pro amnistía Juan Mari, tras visitar a Iñaki de Juana en el Hospital Donostia, ha hecho saber que el preso vasco ha dado por terminada la huelga de hambre, tras 115 días sin ingerir alimentos.

El represaliado donostiarra ha querido también felicitar a la sociedad vasca por el apoyo que ha recibido y porque "gracias a su lucha y a la de la sociedad está ahora en Euskal Herria".

Llegada

La ambulancia que trasladaba al preso político desde Madrid hasta Donostia ha llegado a las 15.50 de la tarde, rodeada por varios vehículos policiales.

A su llegada al hospital, los cientos de ciudadanos que se han dado cita a las puertas del centro han recibido a Iñaki de Juana con gritos de "Iñaki askatu", "presoak kalera amnistia osoa", o "jo ta ke irabazi arte".

La gran presencia de los 'beltzas' ha sido un dato a destacar, ya que se han vivido varios momentos de tensión entre los policías y los allí congregados. Así, una persona ha resultado herida a consecuencia de los golpes recibidos por parte de la Ertzaintza.

La ambulancia que trasladaba al preso político ha entrado a Urgencias por la parte trasera del complejo hospitalario, desde la entrada del antiguo Hospital Provincial; la Policía autonómica ha cerrado el acceso principal a Urgencias y ha impedido que la gente se acercara al vehículo, por lo que la tensión ha aumentado por momentos.

Primer recibimiento en Armiñon

Antes de llegar a Donostia, De Juana ha recibido su primer ongietorri en el peaje de Armiñon, en Araba.

Pese a que en un principio estaba previsto que pasase por Etxegarate, la ambulancia que traslada al preso político ha desviado su ruta y, tras tomar la A-68 en dirección a Bilbo, ha llegado a Donostia por la A-8.

Su llegada estaba prevista aproximadamente hacia las 14:00, pero finalmente se ha retrasado hasta las 15.50.

El preso político ha salido del hospital madrileño, donde permanecía ingresado desde el pasado 24 de noviembre, hacia las 10:20 de la mañana.

Y Fidel faltó a su funeral

Y Fidel faltó a su funeral

Fidel Castro reconoció más de una vez que hasta sus más estrechos colaboradores ni saben muchas veces hasta último momento si va a asistir a una cumbre iberoamericana o a tal o cual evento internacional, debido a las estrictas medidas que le impone su equipo de seguridad.

Pero sin duda la cita del Comandante que desde julio pasado provocó más expectativas, en uno y otro sentido, en un caso para que acudiera a ella con urgencia y en otro rogando para que no lo hiciera nunca, era... la de su propio funeral.

Porque desde el mismísimo momento en que Fidel Castro anunció de su puño y letra que debido a una compleja intervención quirúrgica, su responsabilidad de hombre de Estado le obligaba a delegar sus responsabilidades en sus hombres más cercanos y en las instituciones claves sobre las que se apoya el régimen, la gusanera de Miami (no confundir con el resto de cubanos que por una u otra razón ha salido del país), la Administración Bush y el resto de enemigos de la Revolución en el mundo de toda la vida empezaron a descorchar las botellas de champán.

De la euforia y las risas pasaron a la sonrisa, luego a morderse las uñas y posteriormente a preocuparse al ver que ni el Comandante se moría ni el pueblo cubano se lanzaba a las calles para festejar a pesar de que no había mayor presencia policial ni ninguna del Ejército en todo el país.

Cuba estaba en calma, la gente comentaba el tema en las calles, pero la normalidad era absoluta.

¿Es que la población es indiferente? Claro que no lo es. Pero sabe también que por más importante que haya sido y sea Fidel para la Revolución, ésta es importante en sí misma, por lo que ha hecho, por las conquistas sociales que ha logrado su pueblo, como ninguno de su entorno, en educación, salud, en soberanía. Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Popular, decía en octubre pasado a este periodista que el cambio generacional ya se había producido en Cuba hacía tiempo y que la prueba es que la edad media de los 600 diputados que la componen es de 45 años. Otro tanto sucede en el actual gabinete. Hoy coexisten tres generaciones en el poder, la continuidad y a su vez la regeneración de ideas está asegurada.

¿Que todo el mundo es por eso feliz y se vive de maravilla? Pues claro que no. El propio régimen reconoce que gracias a haber superado el periodo especial, el actual crecimiento económico pese a la persistencia del bloqueo, se empiezan a acometer problemas crónicos muy retrasados como los de vivienda, transporte público y escasez de alimentos entre otros.

Y la mano de Raúl también empieza a notarse, a la hora de exigir a los funcionarios menos burocracia y más eficacia del Estado frente a las necesidades cotidianas de los ciudadanos, algo que seguramente agradecerán todos.

Roberto Montoya

El FBI en las universidades norteamericanas

El FBI en las universidades norteamericanas

Poco tiempo después de los ataques del 11S, el Consejo Estadunidense de Miembros y Graduados (ACTA), de Lynne Cheney, esposa del vicepresidente norteamericano, publicó un informe espeluznante titulado: Defendamos la civilización: cómo nuestras universidades están fallando a Estados Unidos y qué podemos hacer al respecto.

Los autores del documento se quejan de que “el ámbito universitario es el único sector de la sociedad estadounidense que está claramente dividido en su respuesta a los ataque sufridos por EU”. Suele etiquetar a las universidades sospechosas como “eslabón débil en la respuesta norteamericana”.

El director de inteligencia de la revista Executive Intelligence Review, Jeffrey Steinberg dice que, entre otras medidas que se dispararon después de David Horowitz, presidente del Centro para el Estudio de la Cultura Popular proporcionó los fondos a un antiguo alumno de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), de 24 años, Andrew Jones, para que fundara la Asociación de Graduados Bruin, grupo globalista que ofrecía pagar a los alumnos para que grabaran las clases de los profesores sospechosos de ser izquierdistas.

Como consecuencia de sus "investigaciones", Jones publicó un folleto titulado Dirty Thirty («Los treinta abominables»), en el que denunció a otros tantos profesores a los que se hizo blanco de ataques por sus inclinaciones izquierdistas. Hay una lista en circulación que se refiere a 28 de los 30 anunciados. Dos "están por anunciarse". Entre los primeros se encuentran Doglas Kellner, Gabrielle Piterberg, Robert Watson, Sondra Hale, Saree Makdisi y otros.

En cuanto el entramado de las denuncias fue hecho público, Horowitz despidió a Jones, aunque en febrero de 2005 el dirigente del Centro para el Estudio de la Cultura Popular presentó su libro The professors: the 101 Most Dangerous Academics in America. cuya publicidad recibida lo decía todo: Pronto en tu universidad más cercana habrá terroristas, racistas y comunistas; tú los conoces como los profesores. Los académicos radicales actuales no son la excepción sino la legión. Lejos de de ser inofensivos escupen un antinorteamericanismo violento, predican el antisemitismo y celebran el asesinato de soldados y civiles norteamericanos; todo mientras cobran dólares de los impuestos y las colegiaturas para que nuestros hijos sean inductrinados.

Para septiembre de 2005, la campaña de terror sembrada por Lynne Cheney y David Horowitz había creado ya las condiciones para que el FBI entrara directamente a los claustros universitarios. El 15 de septiembre el director del buró Robert S. Mueller anunció la creación de la Junta Consultiva de Seguridad Nacional en la Educación Superior, que será el enlace para la colaboración de los cuerpos docentes universitarios con el FBI. Su objetivo es combatir el espionaje y la subversión en las universidades. En ese engranaje de vigilancia el papel de la junta consiste en controlar el destino de los millones de dólares que las universidades reciben de sus benefactores para labores de investigación y desarrollo de la técnica.

La obsesión por el terror

Aaron Yule, miembro de la redacción de « EIR» en español agrega que la política del gobierno de Bush ha sido el combate al terror, no sólo en el exterior, en otros países, sino también entre sus propios ciudadanos. Se está utilizando la propaganda más aterradora para mantener a la población estadunidense en un estado de incertidumbre total y de miedo para hablar de las medidas de Bush.

No obstante los esfuerzos por atemorizar a los ciudadanos y los menores de edad mediante la difusión masiva de mensajes alarmantes y generadores de paranoia, no han podido evitar la resistencia de muchos jóvenes al clima de demencia que intenta implantar el gobierno bushista.

Ha sido el entusiasmo de los jóvenes en edad universitaria por poner punto final a la locura desenfrenada del gobierno federal lo que está haciendo que renazca el optimismo ante la posibilidad de que el Partido Demócrata llegue a significar un cambio absoluto si llega al poder en las próximas elecciones federales de 2008.

¿Una educación para el imperio?

El primer intento de legislar sobre la implantación del miedo data de principios de 2003 cuando llegó la fecha de renovar el Título VI de la Ley de Educación superior de 1965, que proporciona financiamiento a los programas universitarios del país.

La ley ha sido muy importante para reglamentar el funcionamiento de las escuelas, pero en septiembre de ese año se sometió el Proyecto de Ley HR 3077 (Ley de estudios internacionales en la Educación superior) ante la la Subcomisión sobre Educación y fuerza Laboral para reformar el Título VI. La resolución fue presentada por el representante republicano Pete Hoekstra, aunque no fue él el autor de su contenido. La autoría del documento es atribuida a Stanley Kutz, del Instituto Hoover. Uno de los cambios propuestos por Kurtz, con el propósito de detener la discriminación política, fue el de que el Congreso "cree una junta de supervisión a cargo del Título VI y que determine quién recibe su financiamiento". Dicha junta se conoció en la resolución 3077 de Hoekstra con el nombre de Junta Consultiva de Educación Internacional. cuando a Stanley le preguntaron si había sido influido por Hoekstra, respondió:

Sí creo que algunos de sus comentarios son válidos. No creo que estos estudios deban usarse para promover un punto de vista ideológico. Estoy a favor de que se eduque a los estudiantes en asuntos internacionales, no de que se les meta en un aula para que los indocrinen en una ideología política.

La resolución fue aprobada por la cámara de Representantes el 21 de octubre de 2003. David Brodsky, escritor y asesor que tiene varios posgrados en la Universidad de Yale bautizó la Resolución 3077 como la ley de educación para el imperio. Y merced a la oposición abrumadora a la resolución, el Senado la rechazó a fines de 2003 en espera de pasar a una subcomisión. Mientras tanto, Horowitz y otros neocons se organizan para legitimar los comités de vigilancia. Pittsburg.com informó en febrero de 2005 cuál es el objetivo de este grupo:

La Carta de los Derechos Académicos es una declaración de independencia de la tiranía de opresores intelectuales en las universidades. David Horowitz, presidente del Centro para el Estudios de la Cultura Popular, es su padre fundador.

Las universidades dominadas por la izquierda autoritaria permiten que profesores de mentalidad afín cometan actos intolerables de coerción intelectual contra quienes no aceptan su ortodoxia extremista.

La Asociación Estudunidense de Profesores Universitaruios declaró, desde el inicio de su actividad en 1915 que la facultad debía evitar aprovecharse injustamente de la inmadures de los estudiantes para indoctrinarlo con las opiniones personales de los maestros.

Sí, los profesores alguna vez tuvieron esta ética.

El TLC hará proliferar el nuevo macartismo

Esta Carta de los Derechos Académicos es una verdadera declaración de guerra contra la Constitución. También es un atentado a las leyes fundamentales de los estados signatarios del TLC, Canadá, Estados Unidos y México el programa globalizador que se prondrá en marcha en los tres países, al parecer sin oposición, como consecuencia de la persuasión llevada a cabo por organismos integrados por globalistas a sueldo. Ellos son el Consejo de Relaciones Exteriores (FRC) de Estados Unidos; el Consejo Canadiense de Altos Ejecutivos (CCAE) y el socio mexicano del FRC: el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Sus propósitos están enmarcados en el documento titulado La construcción de una comunidad en América del Norte.

Su objetivo es nada menos que establecer un gobierno supranacional de intereses privados en la región para el 2010, cuyos confines quedarán definidos. como lo ha afirmado el grupo especial, su recomendación medular es el establecimiento de una comunidad económica y de seguridad de América del Norte, cuyos confines quedarán definidos por un perímetro común arancelario y de seguridad exteriores.

El grupo especial lo copresiden El banquero estadunidense Bill Weld; Pedro Aspe, representante mexicano del nefasto Carlos Salinas de Gortari, educado en Harvard; y el canadiense John P, Manley, ex alto funcionario del gobierno que encabezó la Comisión de Seguridad Pública tras los ataques del 11S.

Es de esperar que la política de seguridad común anunciada por estos perros guardianes de la globalización americana apunte asimismo hacia las universidades del área continental. Por lo pronto, los privatizadores mexicanos han aplaudido los primeros pasos en favor de que la educación pública desaparezca dejando de recibir fondos gubernamentales. El desastre de los centros de cultura ocurrirá a menos que la inminente administración demócrata cambie el rumbo.

Gaston Pardo

El Pentágono y su ejército de delincuentes

El Pentágono y su ejército de delincuentes

Cuanto más difíciles se le ponen las cosas a los militares gringos en sus guerras imperialistas, más se hace necesario echar mano del ingenio para lograr un nivel de reclutamiento acorde con las inagotables demandas del Pentágono.

Llevamos unos días viendo cómo EE.UU. implora más y más soldados para Afganistán ante unos países occidentales ya cansados de implicarse en las luchas neocoloniales del imperio. Parece que se espera una primavera calentita y que con la llegada del buen tiempo los combatientes afganos van a pasar a la ofensiva; en los últimos años los señores de la guerra y los talibanes no han cesado de rearmarse y de ganar en operatividad y eficacia.

Así, acaban de anunciar el envío de un contingente de más de 3.000 personas al país para completar un despliegue que ya alcanza los 27.000 efectivos, el mayor desde la invasión de 2001. Están visiblemente enojados con los europeos (menos con UK y Holanda), que declinan su participación en las zonas más conflictivas y en según qué tipo de operaciones.

Para mayor número de males, el Congreso usamericano acaba de aprobar una resolución en contra de los planes de Bush de enviar hasta 21.500 militares más a Irak como penúltima oportunidad para controlar el país. Aunque no tiene carácter vinculante, sí que pesará en la opinión pública: si la operación no sale bien, será la tumba republicana por una temporada a pesar de que ha habido desmarques significativos dentro de sus propias filas.

Pero ni eso es suficiente, el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Peter Schoomaker, ha afirmado que ello supone sólo “la punta del iceberg”, entre otras cosas porque las unidades que pueden enviarse estarán aún peor preparadas que las que ahora intervienen en Iraq. Según su parecer, todavía se demandan al menos otros 8 o 9.000 efectivos de combate y aún está por ver si hay salida militar posible al avispero en que se ha convertido la región.

Y todo ello sin siquiera pensar en la posibilidad de un ataque a Irán, lo que conllevaría un enorme esfuerzo adicional de reclutamiento. Eso no sería problema en un momento de euforia victoriosa y fervor nacionalista, pero en un momento en que se está perdiendo en todos los frentes y que se han derrumbado las mentiras usadas para justificar las invasiones, la leva no es algo sencillo. ¿Qué hacer pues? La fuente de permisos de residencia para extranjeros que buscan la nacionalidad gringa ya no parece ser suficiente para cubrir las demandas.

Así las cosas el ejército está otorgando: "dispensas a reclutas con prontuarios delictivos, o que tienen problemas médicos o bajo cociente intelectual". En épocas normales, a esas personas no se les permitiría servir en las fuerzas armadas. Entre las dispensas se incluyen exenciones por narcotráfico, delitos graves y faltas menores.

Los datos son claros como el cristal.Fuerzas armadas están sometidas a una increíble tensión, y la única manera que pueden llenar sus cuotas de reclutamiento es bajando los requisitos.

Cómo si no fuera poco con el historial delictivo del ejército imperial, ahora se dedican a llamar a filas a delincuentes y a personas con retraso mental. Ellos tendrán en sus manos la vida de miles de personas, estarán armados hasta los dientes con el mayor y más sofisticado armamento del planeta, harán turismo invadiendo no sé cuántos países más. Tiembla mundo.



Guerilla Girl (La guerrillera)

Guerilla Girl (La guerrillera)

Un viaje a la selva colombiana para rodar la historia del ingreso y adiestramiento de una joven en las FARC : así es "Guerrilla Girl", documental producido por Zentropa, la firma de Lars von Trier, y recién estrenado en Dinamarca.

Escondido en la profundidad de la selva colombiana se encuentra un campo de entrenamiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El director danés Frank P. Poulsen y su equipo cruzaron la frontera clandestinamente y lograron llegar a este campamento móvil para documentar la preparación de Isabel, de 21 años, para luchar contra el régimen.

En tres meses, Isabel, que acaba de despedirse de su familia, su compañero, sus amigos, la casa y el estudio, se entrenará como combatiente guerrillera.

Para ella es difícil adaptarse a la dura vida de la selva. Se demora en la ducha, y tampoco le resulta fácil sacrificar una res preñada. El cineasta demuestra un instinto notable. La cámara está presente siempre para captar todo, desde la fabricación de un fusil de palo hasta las charlas sobre las medidas anticonceptivas obligatorias para las mujeres.

La correspondencia de Isabel y su diario personal son utilizados para ilustrar la difícil transición de una vida normal a las filas de las FARC. A pesar de todo, Isabel supera el arduo entrenamiento con la ayuda de la comandancia y de sus camaradas.

El impactante documental muestra el rostro humano de los jóvenes reclutas de las FARC, blanco de la guerra de los Estados Unidos contra el "terrorismo". El equipo de Rumko estuvo a punto de ser interceptado por fuerzas militares gubernamentales, cuando se desplazaba fuera de las montañas, con su material filmico comprometedor.

"La gente se pregunta por qué Isabel dejó todo atrás por unirse a las FARC", dice el director de la película, Poulsen. "Bueno, el presidente de Colombia es un narcogángster. Su régimen asesina a la gente que se atreve a criticar su política. A lo mejor la pregunta debe ser : ¿qué estamos haciendo apoyando a este tipo?", agrega.
por Frank Piasecki Poulsen.

Guerra a la Paz

Guerra a la Paz

Cuando cada vez más voces, en sintonía con el deseo de la gran mayoría de la sociedad vasca, reclaman retomar la vía del diálogo para abordar un proceso de resolución del conflicto en términos verdaderamente democráticos, llega esta sentencia que, por el contrario, pretende dar legitimidad a una dinámica represiva que se ha revelado no sólo inútil para avanzar hacia dicha resolución, sino, además, generadora de mayor confrontación. Se trata de un paso más en esa preocupante dirección de hacerle la guerra a la Paz.

La sentencia del Tribunal Supremo español que declaró ayer «organizaciones terroristas» a Jarrai, Haika y Segi, resulta de máxima gravedad, además de por las propias condenas impuestas a los jóvenes encausados, por tratarse de la consigna que en adelante marcará el devenir de los procesos abiertos contra diversos colectivos de Euskal Herria.

Las sentencias en las cuales lo difuso de los razonamientos jurídicos contrasta con su clara sintonía con ciertos presupuestos políticos son habituales, pero ésta del Tribunal Supremo supone, además, un nuevo resorte en la dinámica represiva contra la disidencia vasca y una apuesta por el mantenimiento de esa vía.

En efecto, esta sentencia pretende dotar de un barniz jurídico a una política propia de un estado de excepción con leyes de excepción que conllevan condenas de excepción.

La absurda teoría del «todo es ETA» del juez Baltasar Garzón sale reforzada y las consecuencias de su puesta en práctica adquieren una mayor gravedad.

Esta decisión del alto tribunal español supone un ataque en toda regla, uno más, a los derechos civiles y políticos, continuar y agudizar la criminalización de una parte importante de la juventud vasca y, por extensión, de un sector significativo de la sociedad, de numerosos colectivos políticos y sociales.

Pero tampoco se puede entender sólo en clave de respuesta en el contexto de la situación creada tras el atentado de Barajas, pues antes, durante y después del alto el fuego se perseguía y se persigue a personas y asociaciones, se les prohibía y se les prohíbe siquiera expresarse. Como el propio Gobierno del PSOE ha reiterado en los últimos meses, las exigencias del PP se han ido cumpliendo porque nada ha cambiado en materia represiva.

Cuando cada vez más voces, en sintonía con el deseo de la gran mayoría de la sociedad vasca, reclaman retomar la vía del diálogo para abordar un proceso de resolución del conflicto en términos verdaderamente democráticos, llega esta sentencia que, por el contrario, pretende dar legitimidad a una dinámica represiva que se ha revelado no sólo inútil para avanzar hacia dicha resolución, sino, además, generadora de mayor confrontación. Se trata de un paso más en esa preocupante dirección de hacerle la guerra a la Paz.

Un barniz jurídico que no puede ocultar el carácter antidemocrático de un Estado y de unas fuerzas políticas que han construido la infraestructura legislativa necesaria para convertir la excepción en ley.
por Viejoblues.

Más allá de Fidel

Más allá de Fidel

uba empezó un camino que nadie ya detiene. Una marcha segura que ni Estados Unidos puede detener y, sin hacerme ilusiones, creo que la era Bush ya terminó. Y luego tenemos a América Latina. Ya son ocho ó nueve los países que se han lanzado para la izquierda y, además, vendrán todavía más que se unirán a este camino

Muchos anunciaban un auténtico caos en Cuba para momento en que Fidel Castro desapareciera de la escena política. Lo cierto es que estos meses en los que el líder de la Revolución ha delegado sus funciones demuestran que la vida cotidiana sigue en la isla a su ritmo habitual. El futuro de una revolución que mañana cumple 48 años se vislumbra sin sobresaltos.

El color de la Habana sigue siendo ese naranja cambiante que se desparrama hacia el malecón, y la brisa que sube caliente se mezcla con el bullicio de cocheros, nostálgicos boleros, vendedores y repentinos buscavidas que baja desde el centro histórico. En esa luz se desenvuelven los capitalinos de una isla que tiene en su haber el mérito colectivo de la resistencia frente al gigante americano.

Desde que Fidel Castro, a finales de julio pasado, delegara transitoriamente sus funciones en Raúl Castro Ruz, segundo alto cargo del Consejo de Estado de Cuba y hermano suyo, la tranquilidad con que se ha vivido este cambio en las calles habaneras es un hecho incuestionable. Algunos confían todavía en una recuperación del líder; muy pocos temen una posible agitación tras su muerte y, casi todos, independientemente de la admiración o rechazo que despierte su figura, piensan que la sucesión política está garantizada y que la revolución continuará adelante sin Fidel Castro.

Cuba, hoy por hoy, ha sobrevivido a todos los ataques que el imperio estadounidense ha lanzado persistentemente desde que Fidel Castro y sus hombres derrocaran al régimen de Fulgencio Batista. Ha salido triunfante no sólo de los intentos de invasión directa. En la historia de los últimos 40 años, el sistema ha soportado el embargo comercial aplicado por el Gobierno de Washington y , en su día, resistió la caída del bloque soviético. No sólo eso. Fidel Castro ostenta el récord de ser el dirigente que ha eludido el mayor número de intentos de atentado contra su persona; es el gobernante más antiguo del mundo, el que ha visto desfilar ante sí a nueve presidentes estadounidenses. Mañana, 1 de enero, se cumple el cuadragésimo octavo aniversario de la entrada de Fidel Castro en La Habana. Cuarenta y ocho años de una revolución que concita las miradas del mundo entero.

Un país organizado

Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional, el Parlamento, es uno de los hombres claves de la política cubana. Experto diplomático, buen conocedor de las relaciones internacionales, nos explica su visión acerca del futuro: «Este es un país civilizado, organizado, con instituciones que preven precisamente esto: la sustitución según se requiera de cualquier funcionario electo. En el caso que nos ocupa, no se trata de una ausencia permanente y definitiva sino de una situación muy concreta, la de una persona que tuvo que pasar por una operación quirúrgica delicada, que además tiene 80 años y que ha trabajado muy duro toda su vida».

La vida política de Alarcón ha discurrido entre cargos de alta responsabilidad para el Gobierno de la isla. Ahora, tras la enfermedad de Castro, su nombre, junto al de Carlos Lage o Pérez Roque, es uno de los recurrentes que barajan los medios occidentales en la terna de sucesión que acompañará a Raúl Castro. «Fidel tiene que ser disciplinado y cumplir con su obligación, que ahora es la de cuidarse y recuperarse. Por lo tanto, la sustitución en sus funciones tiene un carácter provisional pero este tiempo está demostrando que el día que falte definitivamente, esto seguirá funcionando. El ha estado largos períodos de tiempo fuera de Cuba. Cuando se iba, no cerraba el país y se llevaba las llaves, sino que el país seguía funcionando. Igual sucede ahora e igual sucederá después».

Así se ve en Cuba y así se ve también entre intelectuales latinoamericanos que han expresado reiteradamente su apoyo a Fidel Castro, como el escritor argentino Miguel Bonasso, para quien «este país tiene una serie de cuadros que se han ido formando en todos estos años que han dado profundidad, continuidad y extensión al proceso revolucionario. Esto se puso de manifiesto cuando se pudo organizar de manera impecable la reunión del Movimiento de No Alineados, y el comandante estaba ya hospitalizado. Yo me alegro de que haya podido ver en vida que su obra, la Revolución Cubana, está estructurada, y que no depende exclusivamente, como creen algunos, de los vaivenes de su salud o de su presencia».

El realizador de cine argentino Fernando Pino ve el futuro de una Cuba sin Fidel Castro sin atisbo de inquietud, aunque admite que «Fidel es también producto de su pueblo. No hay Fidel sin el pueblo cubano y no hay patria cubana socialista sin Fidel». El riesgo, opina, puede venir de fuera, de los Estados Unidos, «pero este pueblo tiene anticuerpos grandes, un gran sentido de organización y está preparado para todo».

Lo que está claro, para cualquiera que se acerque al país, es que Fidel –todos los cubanos le llaman así, sin apellido–, es mucho Fidel. Su liderazgo es tan incuestionable como el cariño que se percibe entre la población al referirse a él. «¿Vienen del evento que hubo en el [teatro] Karl Marx…? –pregunta un trabajador del hotel–, me dijeron que hubo un mensaje de Fidel. ¿Podrían decirme lo que dijo?». Nuestro interlocutor inquiría con interés por la sesión inaugural de los actos por el 80 cumpleaños de Castro, a la que el mandatario envió un mensaje sobre la necesidad de preservar el medio ambiente. «Sí… –concluye– es realmente importante lo que dijo. Los humanos podemos hundir el planeta».

No es que los cubanos hablen constantemente de Castro, pero la referencia puede surgir en cualquier momento, en un animado y partido de béisbol entre los equipos de La Habana y Santiago o en la mitad del concierto “Todas las voces” al que asisten miles de jóvenes en la Tribuna Antiimperialista: «Ay, mira, qué lindo Fidel… si pudiera estar aquí». La que así habla es una joven de alrededor de 20 años que acaba de ver aparecer en el escenario un retrato del comandante. Se lo dice a su chico, al que transmite su emoción tiernamente colgada de su cuello.

La revolución y sus vicisitudes tampoco alcanzan rango de tema de conversación habitual entre los cubanos. De natural afables, son comunicativos con el recién llegado, dados a la discusión entre ellos y, muchos, excelentes conversadores. El día a día responde más bien a la rutina del trabajo y a despistar el calor y el tedio sentados en un banco o jugando partidas en las mesas de dominó en plena calle.

En su tiempo de ocio, los jóvenes bajan al malecón –ése que conserva una historia en cada tramo–, y los fines de semana se reúnen en los pisos bajos de las casas, con reproductores de música caliente a todo volumen, para bailar en la calle, divertirse y defender la causa de un buen trago de ron.

En el interior de la vivienda, los problemas domésticos guardan relación con la ajustada economía familiar, los horarios de la escuela o, en estos últimos días, con rellenar los formularios para hacerse con la moderna olla express que los Comités de Defensa de la Revolución reparten casa por casa.

Al margen de las manifestaciones y marchas de apoyo convocadas, en las que la participación de miles de jóvenes en grupos diferenciados –pioneros, trabajadores sociales, estudiantes universitarios…– da una idea del inmenso poder organizativo del estado, al margen también del sistema sanitario y de enseñanza que garantiza la salud y el acceso al estudio a toda la población, es en este tipo de detalles cotidianos donde también se concreta y se percibe la filosofía que el socialismo cubano mantiene desde el triunfo de la Revolución de 1959.

Los críticos con el sistema cubano censuran estos mecanismos por lo que juzgan como excesivo tutelaje del estado y control policial de la población. La presencia policial en La Habana se percibe a simple vista pero es también una realidad que la organización por zonas, barrios y calles ofrece, en terrenos prácticos, unos resultados encomiables. Sirve como ejemplo el sistema de prevención de huracanes que ha minimizado al máximo los riesgos para sus habitantes, lo que valió a Cuba un reconocimiento explícito de la ONU o, incluso, las iniciativas adoptadas en asuntos más triviales pero que revisten gran importancia estratégica. 2006 fue bautizado como Año de la Revolución Energética y, desde los primeros días, el gobierno de Fidel Castro dispuso batallones para que los cubanos utilizaran bombillas de bajo consumo traídas desde China para un plan de ahorro de energía. Casa por casa, centro por centro, el gobierno se aseguró de que se cambiaran las bombillas antiguas y se instalaran las nuevas. Lo mismo ha ocurrido recientemente con el reparto general a la población de unas sofisticadas ollas express que cocinan por separado los elementos básicos de la comida de la isla –cocido, arroz y carne de cerdo– en una única operación sobre los fogones.

Datos positivos

Cuba cuenta hoy con once millones de habitantes. Si al inicio de la revolución, en 1959, el analfabetismo superaba el 24%, el plan educativo iniciado ha logrado desterrarlo por completo. 800.000 estudiantes universitarios y una gran masa de graduados en diferentes carreras conforman la fotografía de una sociedad de alto nivel educacional que no tiene parangón en el resto de naciones de América Latina. La solidaridad con los pueblos, otro de los principios en los que se asienta el modelo cubano, representa también uno de sus baluartes: en el año que ahora termina, 27.000 jóvenes extranjeros de países subdesarrollados estudiaban en La Habana; se practican cientos de operaciones médicas a indígenas sin recursos de países del cono sur y Centroamérica y son miles de médicos y trabajadores de la salud los que se desplazan fuera del país dentro de los programas solidarios. La media de esperanza de vida en Cuba se sitúa en 77,3 años, equiparable totalmente a la de los países desarrollados; e igual sucede con las tasas de mortalidad infantil.

La situación económica del país parece haber entrado en cierta senda de recuperación respecto a épocas precedentes. El parque automovilístico en el que, junto a los viejos carros americanos, sidecares y “ladas” soviéticos conviven hoy muchos nuevos modelos de marcas occidentales, da muestra de ello. El presidente de la comisión de Economía del Parlamento cubano, Oswaldo Martínez, admite la fragilidad de la economía pero se muestra optimista ante el futuro. En un país que recoge sus mayores ingresos del turismo, donde la producción de azúcar y la extracción de níquel están agotando sus ciclos, la biotecnología y la producción de medicamentos son los sectores en los que se incide como meta para el desarrollo económico.

Y luego está la colaboración iniciada con países como Venezuela que ha ayudado a levantar los índices económicos. Oswaldo Martínez habla de un crecimiento del 11,8% en 2005, el mayor experimentado en América Latina, y calcula que 2006 cerrará en torno al 12% también. Las políticas de intercambio y colaboración con China y Bolivia son también elementos positivos que le llevan a decir que «el bloqueo estadounidense que soñó con asfixiar a la economía cubana ha fracasado ya, aunque no hay que olvidar que todavía está vigente y que Cuba sufre un impacto tremendo por su causa. El bloqueo es una lacerante realidad cotidiana que cada año nos priva, hablando solamente de finanzas, de tres ó cuatro mil millones de dólares».

A ras de calle, en uno de esos días en que el calor aprieta, parece que va a llover y no llueve, la vida de la gente común respira y se desenvuelve a ritmo tranquilo, sin grandes preocupaciones por el futuro de la revolución y, en la mayoría de los casos, con comentarios y respuestas basadas en códigos naturales y cotidianos, muy alejados de frases hechas o esquemas previos: «Yo vivo bien, tranquilo, estoy feliz con mi mujer y mis dos hijos; ¿le puedo mostrar sus fotografías?. Son guapos, ¿no le parece?». El que habla es el conductor de un cocotaxi, uno de esos carritos con forma de huevo dedicados a trasladar turistas por la capital. El vehículo, como ocurre con la inmensa mayoría de bares y establecimientos, es propiedad del estado y los trabajadores reciben un salario fijo. Cuenta que su mujer era antes maestra de inglés y que ahora se dedica también a conducir un taxi. «Con las propinas ganamos más dinero; así que yo le enseñé a conducir, ella me enseñó inglés y… bueno, con más o menos dificultad pero llegamos a fin de mes. Yo estoy contento. Sí, es verdad, hay gente que se queja de que hay mucho control, pero el país funciona; aquí todos tenemos una norma que cumplir; por ejemplo, yo tengo que hacer un mínimo de viajes y trayectos para que me paguen el sueldo y eso está controlado; quien se salta la norma… ya lo sabe, las sanciones son muy duras».

Que el país funciona resulta evidente; incluso quienes no ven con total complacencia el régimen de Fidel Castro lo admiten, aunque sea con cierto aire de sarcasmo: «Sí, el sistema funciona; probablemente sea lo único que funcione aquí».

El sentido de la frase “saltarse la norma” bucea en la picaresca a la que recurre una parte de la población para completar los bajos salarios y poder disponer de más capacidad adquisitiva. En Cuba no hay corrupción instaurada a gran escala; comparativamente al resto del mundo, podríamos hablar de picardías y pequeñas corruptelas o, como se puede oír allá, de “corrupcioncita”, ésa que lleva al taxista a sugerirte que pongas tú mismo el precio del trayecto, al empleado del hotel a valerse de triquiñuelas para servir los tragos con ron comprado en el supermercado y quedarse él con el beneficio, o a algunas más graves como la que empujó al Gobierno de la isla a meter trabajadores sociales en las gasolineras para descubrir y neutralizar un mecanismo de fraude por el que los empleados desviaban gran cantidad de combustible al mercado negro.

Una revolución ética

Con todo, es un problema que preocupa, y mucho, a los gobernantes: «Es que yo creo que la revolución es, por encima de todo, un hecho moral». Quien así se expresa es Abel Prieto, ministro de Cultura desde 1997 y miembro del Buró Político. Alto y corpulento, de trato cordial, a sus 56 años mantiene un cierto aire hippy y juvenil que concuerda más con su oficio de reconocido y prestigiado escritor que con la imagen estereotipada de un mandatario de la revolución. En su despacho, abarrotado de libros, un cuadro de John Lennon asoma entre los lienzos que decoran las paredes. Abre un espacio a la broma –«es que soy marxista-lenonista» y regresa a su argumento: «Esos negocios ilegales, esas estafas… todo eso va minando las bases de esta sociedad. Aquí algo se quebró en los 90».

Se refiere al denominado “período especial”, años de una brutal crisis que se dejó notar en toda la isla tras el derrumbe del bloque socialista europeo. «Para nosotros tuvo un precio verdaderamente tremendo, estremecedor. Había falta de medicinas, falta de fluido eléctrico, de comida.. todo aquello que la población había tenido garantizado durante años, de pronto, de un día para otro, todo eso faltó. Hoy –prosigue–, la situación ya es distinta, se han resuelto muchas cosas pero no hemos terminado de salir de aquella crisis y debemos afrontar dos cuestiones graves que afectan al día a día: la vivienda y el transporte público».

A pesar de que no hay miseria en Cuba, las consecuencias de aquella situación derivaron en problemas asociados a la marginalidad que todavía persisten en familias que viven hacinadas, en casas precarias o ruinosas. «Después de muchos años con los salarios congelados, ahora se ha iniciado un proceso para proceder a aumentarlos, sobre todo en los que estaban más bajos, los de maestros, chóferes, las jubilaciones… No obstante –aclara Prieto–, ese cubano que tiene la educación gratuita y garantizada hasta la universidad, que tiene asegurada la salud desde la primera vacuna hasta que necesite un marcapasos, que dispone de esa condición y que aspiramos a que tenga un alto nivel cultural y educacional; ese cubano, sin embargo, puede tener su situación respecto a la vivienda muy difícil. Y aunque la cultura es un antídoto contra el consumismo, una vivienda digna no es consumismo. Una vivienda es algo a lo que debe aspirar todo ser humano y, de hecho, en la última reunión celebrada en la Asamblea Nacional se aprobó el plan más ambicioso acometido en los últimos años, que consiste precisamente en la construcción y reparación de decenas de miles de viviendas».

Más de la mitad de los cubanos nacieron después de la revolución. No conocieron la dictadura de Batista ni pelearon por derrocar un régimen que condenaba a la pobreza a sus habitantes, y han disfrutado sin mayor esfuerzo de las garantías que ofrece el socialismo cubano. En noviembre de 2005, Fidel Castro alertaba de un riesgo en el que no intervenían los Estados Unidos: «Este país puede autodestruirse, esta revolución puede acabar consigo misma». El comandante en jefe puso en marcha la denominada “Batalla de Ideas”, un programa en el que se han implicado todas las estructuras, instituciones, organismos y asociaciones del estado.

Esta nueva batalla responde a los problemas que se han planteado en la evolución de esta sociedad cubana. Abel Prieto destaca que, por un lado, persigue lograr que «la ética de la revolución» prenda en la gente que no tuvo que afrontar aquellos desafíos históricos. Por otro, «trata de elevar el nivel cultural, no sólo educacional, desde la idea de una cultura portadora de valores propios. La cultura –insiste–, tiene que ver también con el sentido de la vida de la gente, con ser un antídoto frente al consumismo y a la “miamización” de los valores que llevan a celebrar fiestas absurdas como celebraciones de los quince años de las niñas».

Así y todo, esta revolución que, a pesar de tenerlo todo en contra, ha conseguido resistir y evolucionar a la vez, –las denuncias respecto a posiciones oficiales contra la homosexualidad son cosa del pasado y el alto nivel de discusión que se aprecia en revistas literarias como “Revolución y Cultura”, “Temas” o “La Casa de las Letras” sobre las más variadas cuestiones, desde los beneficios y daños de las coproducciones en cine a la cuestión social y la aceptación del travestismo, superan con mucho al debate que se da en los países occidentales–, vislumbra un futuro si no más fácil, sí más amable, tanto con Fidel, como después de Fidel.

Un nuevo escenario

Así, al menos, lo ve el comandante sandinista nicaragüense Tomás Borge, de visita oficial en La Habana, al abordarle sobre sus impresiones: «Cuba empezó un camino que nadie ya detiene. Una marcha segura que ni Estados Unidos puede detener y, sin hacerme ilusiones, creo que la era Bush ya terminó. Y luego tenemos a América Latina. Ya son ocho ó nueve los países que se han lanzado para la izquierda y, además, vendrán todavía más que se unirán a este camino».

El presidente del Instituto Cubano del Libro, Iroel Sánchez, da la vuelta como a un calcetín a la pregunta planteada: «La pregunta correcta es qué va a pasar en el mundo, en América Latina, después de Fidel. En Cuba hay una revolución y en América Latina, también. La respuesta a qué va a pasar después de Fidel está en Venezuela, está en Bolivia, en Ecuador y en Nicaragua.

Fidel ha puesto en marcha una parte del mundo. No es que Fidel haya entrado en la historia; es que él ha empujado a la historia hacia donde cree que debe ir y, a la luz de lo que está pasando, parece que no es el único que cree que debe ir en esa dirección».

El cambio en el paisaje latinoamericano se observa con optimismo. También, de alguna forma, como una cierta ratificación de que la resistencia solitaria de Cuba no ha sido en balde. «Hace diez años, cuando nos señalaban como especie de dinosaurios en proceso de extinción –indica Oswaldo Ramírez–, los candidatos en las elecciones de América Latina ganaban con el discurso neoliberal y ahora ganan con el anti-neoliberal».

Fidel Castro lo dijo en el Foro de Sao Paulo en 1990: las ideas revolucionarias volverán. «Y no ha habido que esperar mucho», sentencia Iroel Sánchez.

Mientras él, protagonista de todas las batallas, sigue ingresado en un hospital de La Habana, la vida política, social y económica de Cuba sigue su marcha. Algo cambiará, sin duda, el día que ya no esté. Y será mucho más que un sentimiento de orfandad. Pero de que la revolución continuará después de Fidel nadie parece albergar duda alguna.

De la misma forma, todo indica que la sucesión preocupa por el momento mucho más en el exterior que en el interior de una isla que despierta cada mañana al galope de problemas cotidianos, generando cada día mayor creatividad en todos los sentidos. Y que, efectivamente, no baja la guardia en esos detalles sutiles que, tal como señalaba el ministro de Cultura, forjan una forma de ver la vida. Como ejemplo, la canción que cantaban una mañana los muñecotes de la televisión cubana más seguidos por los niños: «El patio de mi casa ya no es particular, al patio de mi casa te llevaré a jugar…

Mertxe Aizpurua (Rebelión)



Los expedientes secretos de John Lennon

Los expedientes secretos de John Lennon

Lo cierto es que se trata de una historia un tanto escondida hasta por la propia prensa estadounidense, que nos revela en toda su magnitud el universo paranoico de los más importantes funcionarios de aquel país y el tenebroso manto de silencio que los distintos gobiernos norteamericanos arrojaron sobre este espinoso asunto para ocultarles la verdad a sus propios ciudadanos.

A principios de los años 70 del siglo pasado, el FBI llegó a la conclusión de que John Winston Lennon era peligroso porque simpatizaba con causas izquierdistas, pero sólo después de costosas batallas legales los servicios estadounidenses autorizaron la desclasificación de esos archivos.

El director del FBI, J. Edgar Hoover, escribía en un memorando clasificado en febrero de 1972 que Lennon tiene ideas revolucionarias, no sólo por sus entrevistas con marxistas, sino también por el contenido subversivo de algunas de sus canciones.

De esa forma se coronó con el éxito la lucha llevada a cabo durante casi 30 años por amigos y familiares del cantante para que se hiciera justicia.

Estos expedientes son un compendio de más de 300 hojas de informes donde lo único que no se reveló fue el nombre del gobierno extranjero que aportó la mayor parte de la información secreta y que sin duda fue Gran Bretaña.

Los documentos demuestran también que ningún órgano represivo pudo encontrar evidencia alguna para incriminarlo.

Un ex director del FBI, J. Edgar Hoover, escribía en un memorando clasificado en febrero de 1972 que Lennon tiene ideas revolucionarias, no sólo por sus entrevistas con marxistas, sino también por el contenido subversivo de algunas de sus canciones.

Ya en ese momento, el FBI y la Administración de Richard Nixon estaban buscando cualquier pretexto para revocarle la visa de inmigrante que se le había otorgado y deportarlo a su natal Gran Bretaña.

En aquellos años, John Lennon era conocido por millones de seguidores de los Beatles y todo el mundo sabía de su rechazo a la Guerra en Vietnam, que se pronunciaba públicamente contra la presencia británica en Irlanda del Norte y en ocasiones incluso hacía donaciones para apoyar causas progresistas. No era necesario gastar un centavo de los contribuyentes norteamericanos para descubrir cosas tan banales.

Esas eran en lo fundamental también las conclusiones de los informes confidenciales que durante un cuarto de siglo el FBI estaba renuente a dar a la publicidad, porque, según aseguraba, podían provocar represalias diplomáticas, económicas y militares contra los EE.UU.

En 1983, el Departamento de Justicia argumentaba que entregar a la opinión pública esa información podía hasta invitar a un ataque contra territorio estadounidense por parte de desconocidos.

La verdad histórica es que tanto Hoover, como Nixon, lo persiguieron por su tremenda popularidad entre los votantes jóvenes norteamericanos y por su abierta oposición al conflicto en Vietnam, lo cual lo convertía en un peligro potencial para las aspiraciones reeleccionistas de este último en la campaña de 1972.

El entonces senador Strom Thurmon reconoció este hecho cuando escribió un memorando secreto a la Casa Blanca donde solicitaba la inmediata deportación del matrimonio Lennon como una contramedida estratégica, para que no dañara las pretensiones del posteriormente impugnado Presidente Nixon, por el conocido escándalo de Watergate.

Un destacado historiador de la Universidad de California, profesor Jon Wiener, fue uno de los primeros en demandar que se desclasificaran los archivos y publicó todas las tribulaciones sufridas en dos voluminosos libros.

El mismo decía en una reciente conferencia de prensa que esta denuncia descubre lo que el FBI y cuatro presidentes norteamericanos intentaron ocultar.

Esos documentos parecen el trabajo de un principiante en la labor de contrainteligencia, ya que se basaban fundamentalmente en informaciones de fuentes públicas mal organizadas.

Por ejemplo, mencionan una entrevista que el cantautor dio a la publicación RED MOLE en 1970, donde mencionó sus antecedentes proletarios y su simpatía por los oprimidos.

Otra información relata que firmó una petición de apoyo al Príncipe Sihanouk en los momentos en que Cambodia era bombardeada salvajemente por los estadounidenses.

Aunque lo cierto es que el esfuerzo investigativo británico era realmente fútil, el que hacía la contrainteligencia estadounidense bordeaba en el ridículo. El Profesor Wiener pudo comprobar que el FBI no contaba con detalles tan elementales, como la dirección particular del investigado en Nueva York.

Hasta hicieron la payasada de sacar un afiche para su búsqueda y captura donde utilizaron una foto de otro cantante de rock llamado David Peel, que en lo único que se le parecía era en el pelo largo.

El ex oficial disidente del MI5 David Shayler aseguró hace poco que él personalmente tuvo en sus manos un expediente secreto que ese servicio llevaba contra el ex Beatle, lo cual indica que aún quedan otros documentos ocultos sobre este tema.

Lo cierto es que se trata de una historia un tanto escondida hasta por la propia prensa estadounidense, que nos revela en toda su magnitud el universo paranoico de los más importantes funcionarios de aquel país y el tenebroso manto de silencio que los distintos gobiernos norteamericanos arrojaron sobre este espinoso asunto para ocultarles la verdad a sus propios ciudadanos.

Es el relato de cómo se trató injustamente de destruir a una figura que fue, y sigue siendo, un verdadero paradigma para varias generaciones.

Silvio González