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ROMPIENDO EL SILENCIO-CONSTRUYENDO EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Hugo Chávez: punto final a la diplomacia hipócrita y acartonada

Hugo Chávez: punto final a la diplomacia hipócrita y acartonada

Cualquiera sea la opinión, a favor o en contra, que se tenga sobre el estilo de Chávez para hacer política y establecer relaciones internacionales, lo cierto es que éste, una vez más, así como lo hizo en las Naciones Unidas, frente a toda la comunidad mundial, (tratando a Bush de criminal y asesino), en la reciente Cumbre Iberoamericana, fue la estrella, el que acaparó todas las cámaras, el que dijo verdades tremendas y lacerantes, que incomodaron a más de algunos de los fruncidos y estereotipados asistentes a la Cumbre, incluso, hasta el mismísimo autodenominado rey de España.

Por supuesto que esto no es nada nuevo, corresponde al personal estilo de Chávez, tanto es así que en una de las últimas Cumbres anteriores, a las que asistía Fidel, este declaró que por fin ya no se sentía sólo en dichas reuniones, pues dejaba de ser el único Diablo, el único aguafiestas, ahora tenía a Hugo Chávez a su lado para acompañarlo en sus diabladas. ¡Y vaya si tenía razón!... Incluso hasta se quedó un poco corto Fidel, porque los diablos, en la reciente Cumbre en Chile, ya no fueron dos sino tres, si le sumamos a Cuba y Venezuela la participación de Daniel Ortega en representación de Nicaragua. Y yendo más lejos aún, no se puede soslayar el hecho de que hay varios otros que se encuentran al “aguaite”, deseosos de encontrar el momento propicio para sumarse al exclusivo Club de los “Nuevos Diablos”.

Resulta un hecho indudable que la aparición de nuevos diablos, o con ganas de serlo, ha resultado sumamente beneficiosa para enriquecer y darle movimiento a las prácticas de las Cumbres Iberoamericanas que se distinguían por su esterilidad, su ineficiencia y su acartonamiento. Sí, porque eso de andar de Cumbre en Cumbre, dándose palmaditas en los hombros, con sonrisas alegres, y muy contentos sus asistentes por consensuar en sendas declaraciones todo de todo, hay que considerar que, a partir de Chávez, tal imagen se encuentra desahuciada y obsoleta. En efecto, estamos asistiendo en las Cumbres a un fenómeno político que, por primera vez, se está produciendo: decirse las cosas tal como son, sin ningún tapujo y con toda franqueza. Y eso, aquí y en la quebrada del ají resulta siempre saludable en tanto se pone término a una hipocresía diplomática que es la que prevalecía en las anteriores Cumbres. O sea, al pan pan, y al vino vino, nada más simple que eso. Ahora si a más de alguno esto le incomoda tenemos que recurrir al dicho popular de al que le venga el sayo nada más que se lo ponga. Esa es la mejor manera de entenderse; no a la hipocresía, ni mirar para los lados, ni tampoco hacer oídos sordos frente a las verdades. Decirlas cara a cara, a micrófono abierto, delante de todos, y punto. Lo demás pura poesía, puras paparruchadas, y nada más que eso.

Ahora bien, y entrando un poco al detalle de los hechos que se sucedieron, y que suscitaros tremenda escandalera, en mi opinión, creo que si había alguien en la Cumbre Iberoamericana que no tenía ningún derecho ni ninguna autoridad moral para intentar siquiera hacer callar al presidente Hugo Chávez, o a cualquiera de los mandatarios asistentes, ese era el rey de España, Juan Carlos de Borbón. En primer lugar, porque el nunca ha sido elegido por el pueblo español, ni tan siquiera para conformar y dirigir la directiva de un club de rayuela. En segundo lugar, porque crecientemente se ha estado gestando una movilidad social en España, contraria a la anacrónica y espuria figura del denominado rey de España, al cual tildan, y con mucha razón, de ser un “parásito, un “zángano”, una figura decorativa que, por lo único que se distingue es por dilapidar una cuantiosa fortuna para su uso personal y la denominada “familia real”, a costa del erario del gobierno español. Un parasitismo a ojos vista de toda la comunidad internacional, impropia de un país que se dice democrático, equitativo y justo, y más encima civilizado. En tercer lugar, tampoco tiene ninguna autoridad moral, en cuanto su actitud tuvo por motivo hacer una cerrada defensa del fascista José María Aznar, grotesco personajillo, grotesco remedo de fuhrercillo europeo, que se ha prestado para servir las peores causas, entre otros, avalar el intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez, y ser lamebotas de Busch, embarcándose en la aventura criminal contra el pueblo de Iraq, que a la sazón ha significado decenas de miles de civiles asesinados, fundamentalmente, mujeres, niños y ancianos.

De otro lado, por decir, lo menos, lamentable y triste la actitud del presidente Zapatero, quien pidió respeto para la figura de Aznar, argumentando que dicho respeto se debía mantener, aún para aquellos que pudieran estar en las antípodas ideológicas de quien las oficia de ocasional contradictor. También exigió dicho respeto, por haber sido Aznar representante legítimo del pueblo español al haber sido elegido democráticamente. Sobre estos “sesudos" argumentos de Zapatero me caben hacer dos observaciones.. El primero de ellos, es señalar que en, un sentido general, tiene razón el presidente de España, en cuanto a que al adversario político o ideológico debe respetársele en su condición de tal. Sin embargo, en mi opinión, toda regla tiene una excepción. Y esta regla se rompe si remitimos el caso cuando la referencia la hacemos a unf ascista redomado como lo es, sin duda, el caso de José María Aznar. Cualquier diferencia que se pueda tener con cualquier persona, sin duda, esa diferencia tiene que ser respetada pero, jamás nunca, y bajo ningún pretexto, ese respeto debe ser reclamado para un fascista, cualquiera sea su procedencia o estirpe. Si en su tiempo, los fascistas Mussolini e Hitler no se merecían ningún respeto de nadie, así también sus clones contemporáneos, Bush y Aznar, no tendrían porque merecérselos, bajo ninguna circunstancia ni ninguna condición.

En mi modesta opinión, en este punto se equivocó medio a medio el demócrata Rodríguez Zapatero, quedando en mal pie sus públicas adhesiones a los valores de la humanidad y la democracia, por tratar de defender públicamente ante la faz internacional, precisamente, a quien más ha pisoteado dichos valores: el fascista, golpista y criminal de José María Aznar. En cuanto a la segunda razón esgrimida, por el presidente de España, resulta lamentable comprobar que no es primera vez que un pueblo se equivoca al elegir de gobernante, lo cual pone en entredicho la utilidad misma de los procesos eleccionarios, en cuanto a que no siempre se elige en los cargos de elección popular a lo mejor de los ciudadanos. En este sentido, el pueblo español, en su oportunidad, se equivocó medio a medio eligiendo a un fascista, pero esa equivocación no le entrega crédito al presidente Zapatero para que, invocándola, intente hacer defensa de una figura tan abyecta y miserable como, sin duda, lo es José María Aznar, y más precisamente, justo en los momento en que agrupaciones civiles en España están solicitando la conformación de un “Tribunal Especial” para juzgar a este personajillo por crímenes de guerra, por atentados de lesa humanidad. Un traspiés de Zapatero que le seguirá penando, aún pese a toda los aplausos que le entrega la prensa internacional, más del 90% de ella controlada por los grandes consorcios periodísticos.

En fin, no quiero seguir abundando más sobre el asunto, porque a estas alturas ha corrido ya mucha tinta. Por lo demás no quiero ser yo quien tenga que defender a Hugo Chávez, porque conocida es mi posición pública de simpatías hacia su persona y el movimiento revolucionario que representa, y también, mi profundo odio y desprecio hacia todos los personajes fascistas cualquiera que éstos sean. En eso, a mucha honra, me diferencio del demócrata Zapatero y del reyezuelo de España. Sin embargo, y para mejor ampliar la visión, de lo que he querido dar a entender en esta nota, recurro a la trascripción de dos artículos anteriores de autoría de otros columnistas, por encontrarlas muy pertinentes, aunque se encuentran referidas a situaciones distintas. El primero de ellos escrito por un columnista del diario “El Mercurio”, al que no se le podrá acusar ni de de marxista ni terrorista, como acostumbra la prensa de mi país, y de todo el mundo, para descalificar los razonamientos fundados, de quienes se oponen al intento de hacer valer un discurso único proveniente de los países del Norte. El segundo artículo De edison Barría de cuya procedencia y adhesión se encuentra en el encabezado del mismo:

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Transcripción de 1° artículo


Por: Carlos Peña González

Fuente: Diario "El Mercurio" (24.09.06)


”Hugo Chávez es informal, lenguaraz, arbitrario, simplote, populista, simpático, desinhibido e impúdico. Los trajes, no hay caso, siempre le quedan estrechos y la corbata inevitablemente lo ahoga; emplea un lenguaje de programa matinal de radio o de cuartel; al comenzar los discursos se persigna como los futbolistas antes del partido; usa escapulario y le reza a la virgen María, y, salvo el temor de Dios, tiene esa apabullante confianza en sí mismo que sólo alcanzan las personas que, de pronto, y casi de la nada, se encontraron con el dinero a manos llenas.

Por decir algo, Chávez es lo más distinto que uno pueda imaginar a Vicente Fox, Álvaro Uribe o cualquier otro político de las élites latinoamericanas. Mientras éstos parecen siempre estreñidos o constipados, Chávez vive en permanente expansión.


A diferencia de ellos -cuya aspiración secreta es ser confundidos en alguna reunión internacional con un político europeo-, Chávez se niega a asimilarse a los grupos dominantes y rehúsa conferirles cualquier ventaja simbólica. Se mofa del idioma inglés -cuyo dominio es el máximo orgullo de un político local- y sustituye las referencias cultas por las apelaciones al imaginario latinoamericanista y por el uso de citas tomadas de canciones populares. Mientras los políticos de la élite latinoamericana hacen de tripas corazón cuando se acercan a la cultura mestiza, Chávez navega en ella como pez en el agua.


A él le gusta, en suma -y lo paladea con deleite-, lo que los peruanos llaman huachafo y nosotros cursi: esa distorsión con la que los pueblos toman venganza de los modelos estéticos que les han sido impuestos.

Coase, Keynes, la public policy y el consenso de Washington -las cosas que los políticos de la élite de la región memorizan antes de dormir- lo tienen sin cuidado. A él le bastan dos o tres ideas gruesas sobre la injusticia y la democracia, alguna apelación al legado de Allende, el recuerdo de algún discurso de Fidel, un vistazo al título de un libro de Chomsky. Cosas así. Nada demasiado sesudo. Es que él sabe que lo sesudo ha sido, con frecuencia, la excusa para la tontería en Latinoamérica.

Y es que Hugo Chávez en vez de pretensiones tiene lo que los escritores de novelas llaman personalidad: en torno a él se puede escribir una buena historia.

No es, desde luego, un dictador. No es lo que en Chile y en la región se llamó siempre un gorila. En vez de eso, es el fundador de un movimiento político, el bolivariano, que mal que nos pese ha sabido sumar adhesiones y ganar dos o tres elecciones nacionales sin que nadie pueda reprocharle haber violado las reglas (el último referéndum fue calificado por Carter como un "ejemplo de democracia"). Eso no es poco para Latinoamérica (ni para nosotros hace apenas unos lustros) o para Venezuela, cuyas élites, no hay que olvidarlo, se especializaron en escamotear la soberanía al pueblo, apropiarse de los excedentes del petróleo, viajar a Miami y adornarse con brillos. Es cosa de recordar que Carlos Andrés Pérez -Presidente en dos períodos- terminó abandonando el poder condenado por corrupción y no precisamente por una Corte Suprema con intolerancia a los robos y a los desfalcos.


Pero ¿quién es entonces este sujeto tan lejano a las artes de la diplomacia que tutea a todo el mundo, tiene programas de radio (no es el único), promete hacer ver a los ciegos y calienta gratis los hogares del Bronx?


Con esos modales que parecen burlarse del canon, Chávez es un típico líder nacionalista y popular que, con el dinero a manos llenas, construye poco a poco una ambiciosa plataforma de poder en la región. Chávez no tiene nada de arcaico (hay pocas cosas más modernas que el nacionalismo) ni de exótico (el patrimonialismo es una de las más extendidas técnicas de la política). ¿Acaso todos los países, cuando tienen la oportunidad, no usan su dinero para influir, hacerse de un lugar en el mundo y alcanzar el reconocimiento? Eso no es exotismo de nuevo rico, es pura racionalidad instrumental.


Es, claro, un populista, alguien que halaga a las masas con promesas difíciles de cumplir y que engatusa al electorado con la habilidad de un vendedor de serpientes. De acuerdo. ¿Pero acaso por estos mismos lados no haríamos llover donde no había nubes y nevar donde no granizó nunca, sólo que con otros modales y con el aplauso y el apoyo de las élites empresariales?

Los defectos de Chávez -que los tiene- no son de él, son de la región.

El casi nulo valor de las instituciones y de las reglas, la captura del Estado por pandillas y por caciques, el clientelismo como regla fundamental de la acción política y el cantinfleo como modelo discursivo han existido en la región desde siempre, incluso gracias a gente de buenos modales, con un MBA en California y que de pronto, y al pasar, en alguna reunión internacional podían aparentar ser políticos europeos.


Hay que dejar entonces de considerar a Chávez un payaso exótico, porque no lo es. Es un liderazgo nacionalista y popular, de esos que ha habido varios en el mundo, altamente racional, y que hace de la distorsión del gusto de las élites una forma de identidad.


Y hay que dejar también de hacerle asco a votar por Venezuela para el Consejo de Seguridad de la onU.


Después de todo, si hay un ámbito de la acción humana donde el consecuencialismo, y no los principios, es la mejor regla, ése es el de la política internacional (una de las cosas más parecidas al estado de naturaleza que nos va quedando). Y si atendemos a las consecuencias, votar por Venezuela no es malo.


Es una forma de contener a la política exterior del gobierno de Bush, que -ésa sí que sí- carece de modales y de reglas, y sabe de patadas a la hora de defender sus intereses. A su lado -para qué nos engañamos- Chávez no es exótico: es un ejemplo de la Ilustración francesa.

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Transcripción de 2° artículo


Por: Edison Barría

Comisión Internacional y DD.HH. del PPD de Chile.

Fuente: Provincia Virtual

N° 177, 28 Enero 2007


Desde que Chávez se lanzó por primera vez al ruedo electoral, muchos se han preguntado qué tiene este hombre que parece invencible, si nos ajustamos a los resultados de los procesos electorales en los últimos ocho años en Venezuela. Y ciertamente Chávez parece haber encontrado la fórmula para mantenerse en el poder, por la vía democrática, derrotando de manera contundente a todos los que han osado enfrentársele en la arena política.


Por otra parte, sus niveles de popularidad son tan elevados (75%, según ultima encuesta Latinobarómetro ) que no existe precedente en la historia democrática de Venezuela de algún mandatario que, luego de tanto tiempo gobernando, continuara siendo la primera opción en todas las encuestas, a la hora de formular la pregunta ¿quién quiere Usted que sea el próximo presidente de nuestro país?, en la reciente elección presidencial del 3 diciembre del 2006, logró el 65% de los votos.


Ahora bien, ¿será que esto lo ha logrado Chávez por arte de magia?, ¿cuáles son los elementos que conforman la fórmula Chávez de su triunfo constante?, ¿qué factores han permitido que ninguno de los que lo han enfrentado pueda siquiera representar un peligro regular?, ¿cómo es que su popularidad ha logrado superar golpes de Estado, paros petroleros, y cualquiera otro de los intentos antidemocráticos que han procurado sacarlo de Miraflores?


Para dar respuesta a estas preguntas, debemos revisar algunas de las características particulares de Chávez, que en su condición de candidato lo diferencian de los demás.


Sintonía con el pueblo


La primera de ellas es la impresionante sintonía que tiene con el pueblo venezolano.

Cuando hablamos de sintonía, no nos referimos simplemente a que hable y se exprese como habla la mayoría de la gente común, sino a que conoce la idiosincrasia del venezolano desde las entrañas.


Pocos políticos venezolanos tienen el conocimiento genuino que tiene Chávez de la historia de Venezuela, de su folklore, de sus costumbres, de su geografía. Se sabe de memoria poemas enteros de los autores más representativos de las letras venezolanas. Canta con ganas las canciones de nuestros compositores. No hay pueblito grande o pequeño que no haya visitado, al menos una vez, y no ahora que es Presidente, sino desde su época de soldado. Se ha aprendido a Venezuela desde niño, desde sus colores, sus sabores y sus olores.


Mientras otros se conocían de memoria Miami, la calle 8, Fort Loderdale o Boca Ratón, Chávez se metía en las entrañas de Venezuela y eso le permite, hoy en día, hablarle a la gente desde su propia realidad, desde el conocimiento tangible de lo que es el país. Y cuando Chávez habla, la gente siente, en el fondo de su corazón, que sabe lo que está diciendo, porque lo ha vivido.


Tener un proyecto

A pesar de que parecería lógico que cualquiera que pretenda aspirar a un cargo tan importante como la presidencia de la república debería, por lo menos, tener un proyecto, insólitamente hemos escuchado a algunos de los que se inscribieron para estas próximas elecciones presidenciales declarar, sin ningún sonrojo, que esto no es necesario.

También hemos escuchado a otros, menos osados pero igual de ignorantes, confundir proyecto con acciones. Entonces los vemos ofreciendo que van a repartir dinero a diestra y siniestra a cada familia venezolana, manipulando desvergonzadamente el discurso de la justicia social, para convertirlo en una vulgar repartición de torta. Estúpidamente no se dan cuenta que el pueblo ya los ha visto durante años, quedándose con la mejor parte de esa repartición, como aquellos que parten y reparten.

Ahora bien, un proyecto de país es una cosa muy distinta a una carta al Niño Jesús, y tampoco tiene que ver con ofrecer que se va a repartir esto o aquello. Un proyecto de país tiene que estar fundamentado en principios, en filosofía, en ideología, en visión a largo plazo.


Cualquiera podrá decir que no le gusta la forma de gobernar de Chávez, pero jamás se podrá argumentar que no tiene un proyecto. Además, él ha venido hablando de dicho proyecto desde el primer día en que anunció que sería candidato a la presidencia, allá por 1997.


Desde entonces, está hablando de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, con la finalidad de darle poder al soberano, es decir, al pueblo, para que se pudieran cambiar las leyes, en función de adelantar un proceso revolucionario con fundamentos bolivarianos. En otras palabras, Chávez plantea las bases de sus propuestas desde la visión filosófica de lo que es su concepción del país y del rol del gobierno y del Estado dentro de un sistema democrático.


Vivir lo que se predica


Cuando Chávez habla de lo que es su visión de país, lo hace desde las entrañas. Él no se para delante de la gente a echarle un cuento que le contaron o que los publicistas le recomendaron para ver si subía un puntito en las encuestas, sino que habla desde su propio ser, de lo que cree con la sangre y por lo que está dando la vida. Habrá quien piense que está loco, equivocado o lo que sea, pero nadie dudará de que él cree cada una de las palabras que le dice a la gente, que considera, desde el fondo de su alma, que es lo que se debe hacer.


Vivir lo que se predica trae dos consecuencias indispensables para la credibilidad de un político: la coherencia y la pasión. Si un candidato se para delante de la gente a hablarle de algo que él mismo no cree, se le nota rapidito. La gente lo siente, lo percibe, lo huele. Y por eso no les cree. En cambio, cuando Chávez habla, habrá quien lo juzgue, pero no quien dude de que habla desde el corazón.

Ganas de servir


Sin embargo, hay otros que asumen el compromiso de la presidencia desde la humildad. Desde la convicción de que es necesario servir a los demás. Desde el convencimiento de que el poder no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para hacer el bien.


La sintonía con el pueblo, el tener un proyecto de país, el vivir lo que se predica y las ganas de servir son tan sólo cuatro de las características que hacen que Chávez sea un candidato diferente y que lo han convertido, también, en un presidente diferente.


La gente humilde ha sentido la diferencia. Los privilegiados también. Por eso los primeros lo aman y los últimos financian acciones golpistas, que por más que quieran, nunca podrán. Este es el INVENCIBLE, el Hugo Chávez que gana todas las elecciones y líder del nuevo Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que nace de la unidad de todos los partidos y movimientos que lo vienen apoyando desde el año 1998. Este es el Chávez que al igual que su inspirador Simón Bolívar dice “ maldito y muerte al soldado que dispara contra su pueblo”.




Hernán Montecinos (Para Kaos en la Red



Chávez y el periodismo español. Más español y menos periodismo que nunca

Chávez y el periodismo español. Más español y menos periodismo que nunca

Si el Rey se permite hacer callar a Chávez, ¿qué no iban a hacer los medios de comunicación? Era la ocasión perfecta para lanzarse a una nueva orgía de descalificaciones, insultos y mentiras contra el presidente electo de Venezuela. Nada novedoso esto, pero aquí se ha mezclado con la exaltación patriótica, institucional y, lo más importante, empresarial.

Según la prensa española (1), las declaraciones de Chávez son “impresentables”, “irritantes insultos y ofensas a España”, “diatribas contra los empresarios españoles”, “desplantes y provocaciones”, “extemporáneos e inaceptables ataques”, etc.

Y para demostrar la prensa española que es todo lo contrario, respetuosa y refinada, no ha dudado en calificar a Chávez de “salvapatrias”, “caudillo”, “golpista” o “matón político”, de utilizar “la más pura línea demagógica y populista”, “tics caudillistas” y “procedimientos bananeros”, de “llevar a sus compatriotas venezolanos” a un “suicidio”, “un golpe de Estado”, etc.

La actuación del Rey, en cambio, se califica en la prensa de “elocuente gesto”, “gesto real”, “calentón”, “espontánea exhortación”, “justificada intervención”, etc. Según El País, al mandar callar a un presidente elegido democráticamente, el Rey “estuvo en su papel”. Para El Mundo, “el Rey puso a Chávez en su sitio en nombre de los españoles”, mientras que el ABC considera que el monarca demostró así su “autoridad moral”.

Entre tanto rigor periodístico también encontramos las clásicas mentiras sobre Venezuela, como que la reforma de la Constitución “otorgará la presidencia perpetua a Chávez”, que los beneficios del petróleo no se destinan “a sus compatriotas”, que Venezuela vive una “grave crisis”, que los estudiantes “se juegan la vida ante matones del régimen chapista” y que debería exigirse “el retorno de la democracia para su país”.

No es lugar aquí de refutar todos estos tópicos de la propaganda antichavista, entre otras cosas porque ya han sido refutados hasta la saciedad. Pero baste apuntar una sencilla reflexión para quien no tenga ganas o interés en comprobar la realidad, ¿por qué los venezolanos siguen votando tan mayoritariamente a Chávez? Han pasado casi nueve años desde que Chávez llegó al poder y su apoyo popular, en repetidas elecciones avaladas por observadores internacionales, ha sido siempre abrumador. ¿Es posible engañar a tantos millones de personas durante tanto tiempo? ¿puede la propaganda llenar los estómagos de los pobres y curar sus enfermedades?

Los medios de comunicación que continuamente atacan con mentiras al gobierno de Venezuela no sólo faltan al respeto a Chávez sino al pueblo venezolano que le eligió, y ponen en evidencia que sus objetivos no tienen nada que ver con el rigor informativo o con la defensa de la democracia y los derechos humanos. No debemos olvidar que hablamos de empresas privadas, que se alimentan de un sistema de poder que les favorece (en perjuicio de las personas), y que, como no puede ser de otro modo, no toleran que un dirigente político quiera acabar con esos privilegios.

Nota:
(1) Editoriales del 11/11/07 de El País, El Mundo, La Vanguardia, El Periódico y ABC
Javier Adler (Para Kaos en la Red)

Sangre Azul / Sangre Roja

Sangre Azul / Sangre Roja

El término “sangre azul” nace como una condición displicente, segregacionista y divina de la monarquía española sobre los súbditos que, en condición de seres inferiores trabajaban el campo para satisfacer la voracidad de sus amos.

No fue… sino que “es” una casta de hombres y mujeres que se consideran bienaventurados “hijos” de la divinidad, como lo declaró el Papa Borgia, Alejandro VI, cuando celebró la boda de Fernando II e Isabel I, de cuya unión nació la Realeza Española y murió la civilización americana por la avaricia insaciable de los Reyes católicos, de cuya estirpe desciende el actual Rey de España, Juan Carlos de Borbón, como hijo de Juan, Conde de Barcelona y tataranieto del rey Fernando VII, el mismísimo Rey inquisidor que enfrentó a Simón Bolívar por la independencia del Continente americano.

El término “sangre azul” surgió por ese afán enfermizo del “noble” por alejarse cada vez más de la imagen del “vasallo” que mostraba su piel curtida, maltratada y ensangrentada de rojo por las cicatrices del arduo trabajo; un “noble” que, en su obsesión de mostrar sus venas azules, como signo de la alta alcurnia, tomaba pequeñas dosis de arsénico para blanquear más aún su piel traslucida por la falta de sol, mostrando así sus venas azules que lo hacía digno de la realeza santificada por la iglesia romana, que los consideraba heredero de la gracia divina del Dios Todopoderoso, tal cual lo dictaminó el Papa Pio VII en momentos en que el Libertador Simón Bolívar luchaba por desterrar el poder español. Al respecto dictaminó el Papa romano:

“Obedecer al más amado de los reyes, al defensor de vuestra fe, y al feliz resorte de vuestra prosperidad temporal, debe fijar vuestras irresoluciones, uniformar vuestras ideas y sentimientos, para que todos formemos una sola familia gobernada por el mejor de los padres, Fernando VII”

Como se sabe, finalmente Fernando VII fue el Rey derrotado por Simón Bolívar en sus dominios de más de 300 años de esclavitud, saqueo y muerte… Gracias al ímpetu aguerrido del Libertador, su liderazgo, inteligencia y valor para conducir a los pueblos oprimidos, la Realeza española fue derrotada en la explotación que hizo del Continente desde que sus naves desplegaron sus velas en América, exterminando a todas sus civilizaciones, esclavizando a los pocos descendientes y expoliando todas sus riquezas para beneplácito de la Corte Española, que hoy exponen en los suntuosos palacios con arrogancia y jactancia infinita: el oro, la plata, las perlas y las piedras preciosas que extrajeron del Continente, a costa de la sangre roja de los nativos y esclavos del África.

Estos llamados “seres divinos” santificados por el Papa y las leyes universales, puesto que no pueden ser juzgados por la Ley de los hombres, a los que hay que arrodillárseles y no se les puede saludar mirándolos directamente a los ojos, sin antes besar el sello Real que llevan en su mano derecha como signo de Poder y Superioridad, pasan todo el día alucinados entre la vanidad, la frivolidad, el lujo, el arte, y la servidumbre que se entrega en cuerpo y alma a la voluntad de su amo… y así ha permanecido por los siglos de los siglos…

Salvo en aquellas naciones que se rebelaron cortándoles las cabezas en la guillotina, de donde nace el color “rojo” que caracteriza a todos los movimientos revolucionarios del mundo.

Es así como el color de la sangre caracteriza la libertad y la justicia de los pueblos del mundo: color “azul” para la nobleza en contraste al color “rojo” de la revolución socialista

Es la eterna lucha de los pueblos que se revivió ayer sábado 10 de noviembre ante los ojos del mundo, cuando el alucinado Rey de España, Juan Carlos de Borbón, olvidó su condición de vasallo de la liberación del Continente americano, y en la Cumbre Iberoamericana que se celebraba en Chile, perdió la ecuanimidad, la diplomacia y el respeto que le debe a todos los presidentes americanos presentes, para vociferar en contra del Presidente Chávez, como digno heredero de la Revolución Bolivariana: "¡¡¡Pero por qué no te callas!!!"

Le gritó el atolondrado reyezuelo, iracundo por las aleccionadoras palabras de Chávez que denunciaban la conjura mundial de dos fascistas: Bush y Aznar

…Y cuando el mundo estaba estupefacto por la malcriadez del monarca español y la estupidez de Rodríguez Zapatero defendiendo a un fascista como José María Aznar por el sólo hecho de ser español, cuyas actitudes contrastaban con la parsimonia incólume y gallarda que mostró el presidente venezolano al no responder al insulto español, el reyezuelo ofuscado se paró de improviso y abandonó la Plenaria de la Cumbre, en momentos en que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega hacía uso de su derecho de palabra.

Lo del rey Juan Carlos de Borbón fue ese gesto de arrogancia propia de la rabia y la frustración del vencido, puesto que estaba allí, sólo y sin la parsimonia que exige la monarquía, como un simple observador en una Cumbre de mandatarios elegidos democráticamente, y quizás también, porque estaba pisando la tierra de O´Higgins, San Martín y Bolívar, quienes le hicieron comer a España la amarga miel de la derrota.

Jorge Mier Hoffman -viejo blues.



La cumbre iberoamericana y los heroes de Juan Carlos de Borbon

La cumbre iberoamericana y los heroes de Juan Carlos de Borbon

Una de las personas más respetadas y queridas por el Rey Juan Carlos de Borbón, José María Aznar, Mariano Rajoy, José Barrionuevo, José Corcuera, Esperanza Aguirre o Maria San Gil; uno de los héroes de cientos de curas, obispos y cardenales de la Iglesia española, o del Papa Pío XII.

Un ejemplar general que desencadenó un golpe de estado que costó la vida de miles de inocentes, que condenó de por vida a otros tantos, que castigó con increíble crueldad a quienes respetaron la legalidad republicana, y en cuyo nombre se cometieron toda clase de crímenes que los diferentes gobiernos españoles se han negado a condenar desde 1977; ese general que nombrara al nieto de Alfonso XIII sucesor a título de Rey, escribía a su admirado Adolfo Hitler párrafos como los que siguen:

A su Excelencia Adolf Hitler, Fuhrer del pueblo alemán

Palacio de El Pardo, 26 Febrero 1941

Mi querido fuhrer:

Su carta del pasado día 6 merece que le responda con prontitud, ya que considero necesario clarificar algunos asuntos y confirmar mi lealtad hacia su persona (%u2026). Sepa que considero, como usted mismo, que el destino de la historia nos ha unido junto al Duce de una forma indisoluble. Nunca he necesitado más pruebas de ello, y como ya le he explicado en más de una ocasión, nuestra Guerra Civil, desde su inicio y durante todo el tiempo que duró, son más que una prueba evidente.

Estoy de acuerdo con su opinión acerca del hecho de que España se encuentra situada entre dos polos, uno de los cuales, la enemiga Inglaterra, aspira a controlarnos (%u2026)

Ambos estamos donde siempre nos habíamos situado, de una manera resuelta y con firmes convicciones. No debe albergar la mínima duda sobre mi fidelidad hacia esa concepción política, y sobre la realidad que supone la unión de nuestros destinos junto a Italia. (%u2026) Teniendo presentes esas dificultades de la posguerra, apreciará que nunca pude fijar a la mayor brevedad la etapa en la que podríamos entrar en esa guerra. Permítame decirle, Fuhrer, que el tiempo que ha transcurrido hasta hoy no se ha perdido del todo (%u2026)

El pueblo alemán sabe que los españoles profesan hacia él nobles sentimientos de amistad sincera hacia ellos y su nación.(%u2026) En la reciente reunión de Bordighera le dí al mundo pruebas de mi resulta actitud; esta conferencia sirvió también para llamar al pueblo español hacia el camino en el que una de sus obligaciones es preservar nuestra existencia como país libre. (%u2026)

Mi querido Fuhrer, espero que no quede ni sombra de duda sobre mi lealtad y disposición, unidos por un destino común (%u2026) No creo necesario confirmarle mi fe en el triunfo de su Causa y le repito que seré siempre leal a ella.

Crea en mi sincera amistad y reciba mis saludos más cordiales,

Francisco Franco

Hace un par de días, el ciudadano monarca intentó en vano callar al Comandante Hugo Chávez (que llamó fascista al genocida José María Aznar), demostrando su carencia absoluta de ecuanimidad, su incapacidad para analizar los últimos acontecimientos históricos, su parca independencia política y un nulo respeto hacia la opinión que comparten millones de personas que creen en la verdadera democracia, sobre el talante del ex mandatario.

Lo más chusco es que a su alteza le salió un ayudante de campo, en la humillante tarea de apoyar lo indefendible, que saltó vergonzantemente al ruedo para echar un cable al héroe de las Azores. Se trataba del presidente Zapatero, quien se erigía en portavoz de aquellos que creen aún en la España en la que jamás se ponía el sol. Y llegó el día en que se vino el eclipse.

Ya sospechábamos (aunque jamás lo puse en duda) que Juan Carlos prohíbe que, en su real presencia, se digan las verdades que distinguieron a Franco, pero lo que yo, al menos, ignoraba, es que pudiera quedar en ridículo rompiendo lanzas en favor de uno de los responsables de miles de muertes en Irak o Afganistán: José María Aznar. Y la guinda que coronó el pastel iberoamericano la puso José Luis Rodríguez, al que asaltó el síndrome protohispánico, quedando poseído por el espíritu de Hernán Cortés, abducido por el hálito de los Reyes Católicos, en una escena de un patetismo incomparable.

Por suerte, la dignidad del continente latinoamericano quedó a salvo de tamañas tragicomedias. Esa clase de alharacas fueron acalladas por los valientes discursos de los líderes de Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Cuba, que sacaron de quicio al ciudadano Borbón y al presidente leonés, quienes regresaron a España con el rabo entre las piernas, entre el gesto de impotencia de Uribe y la mueca de Tabaré, Bachelet, y Kirschner, mientras la aguerrida miembro de la Trilateral, Trinidad Jiménez, helaba su sonrisa y su cabreo, mientras maquina reuniones futuras con sus amigos de Miami.

Jamás una cumbre fue tan sincera, dura y honesta con el liberalismo que España quiere imponer. El Grammy a la genialidad, no obstante, lo obtuvo Zapatero, en un repentino ataque de inteligencia, cuando sentenció con rostro de vidente: %u201CVeremos quién hace más por los enfermos y los niños pobres en Latinoamérica, Si las ambulancias españolas o los médicos que envían otros países%u201D.

Según el presidente español, una ambulancia cura más que un doctor. ¡¡¡ Auuuuuuuuuuuuuuuuuuuu ¡¡¡ (onomatopeya del vehículo milagroso).

Carlos Tena




Pregunto al señor Rey de España ¿No le parece que estuvo “demasiado” alteradito…?

Pregunto al señor Rey de España ¿No le parece que estuvo “demasiado” alteradito…?

Y la alteración, históricamente, estuvo considerada como un mal de la plebe, de la gente inculta que jamás llegaría a ocupar trono alguno que no sea el de la marginación y el olvido impuesto por la clase dominante y explotadora.

Según el artículo 57 de la Constitución Española de 1978, apartado 1, “La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica”, y en el apartado 2 expresa: “El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento –no menciona a la dictadura de Franco, por supuesto- tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España, suponemos que esos “demás” no harán referencia a la mala educación ni a la descortesía…

Por su parte, el Artículo 56, apartado 3 dice que “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64….etc.

Queda bien claro que esa inviolabilidad que no está sujeta a responsabilidad, rige para el pueblo que se aguanta al monarca –aunque no olvidemos que muchos lo detestan-, es decir España, la colonizadora a fuerza de invasiones y tormentos, madre de la Santa Inquisición, genocida de los pueblos originarios de nuestra América e instigadora del mercantilismo, antecesor del capitalismo salvaje que tantas víctimas sembrara en su largo recorrido.


Lo cual no quiere decir que una vez rotas las cadenas que a nuestras tierras las mantenían atadas a la aberración y al despojo, debamos los pueblos amerindios soportar los desplantes de “dignidad” de la monarquía de ningún país del mundo que pretenda llegar, nuevamente, para llamar a silencio a alguien, mucho menos a un mandatario elegido de-mo-crá-ti-ca-men-te por su pueblo que a la vez lo sostuvo, lo sostiene y lo sostendrá con y sin arrebatos de intemperancia de reales investiduras.

Resulta demasiado bajo de nivel moral el exabrupto del rey Juan Carlos, quien con los nervios alterados y los ojos fuera de sus órbitas, le exigió al presidente Hugo Chávez “por qué no te callas”, en medio de la Cumbre Iberoamericana que ya tenía sus tironeos a partir de las desavenencias entre Uruguay y Argentina por el tema de la papelera Botnia, recientemente puesta en marcha para desgracia de los pueblos del Cono Sur que resisten con heroísmo semejante daño ambiental que ha de producir y que no desconoce su majestad.

Uno podría pensar que las palabras reales se debieron a una catarsis momentánea, cuando trataba de defender a su aliado Aznar considerado fascista por el presidente democrático Chávez igual que por todos los pueblos, pero no, la crisis no se detuvo y el monarca se retiró de la sala, no se publicó en la prensa si acaso dando un tremendo portazo que sería lo único que faltaba.

No señor rey, en América Latina usted no representa a nadie, cometió un gravísimo error, debía haber tomado antes la pildorita amansa-locos porque no tiene ningún derecho de faltar el respeto en estas tierras como nadie se lo falta a usted.

Los latinoamericanos NO tenemos reyes y el último virrey de la corona española, fue expulsado y por decisión incuestionable de la Asamblea General Constituyente del Año 13, entre otras cosas, se eliminó el nombre de los reyes de España en los títulos y documentos públicos, al igual que hizo con los títulos de nobleza que tanto daño nos estaban causando.

América Latina lucha por ser libre, señor monarca español, el presidente Chávez es nuestro referente indudable y la voz de sus pueblos no acepta ser acallada por usted, debió tenerlo en cuenta antes de mostrar públicamente su destemple.

No le alcanzará la vida, señor rey, para disculparse ante el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, así como tampoco alcanzará la de sus herederos para pedirles perdón a los pueblos americanos por el daño que le causaron y que parecen empeñados en seguir causando.

Tal vez sería una excelente terapia para su intemperancia, ponerse a recorrer las páginas de la historia latinoamericana y verá que para nosotros, usted y los de su estirpe son tan solo un mal recuerdo.

No son bienvenidos, ni mucho menos aceptamos, los pueblos, que vuelvan a darnos órdenes y muchísimo menos le permitimos que se le ocurra ofender a un mandatario como el compañero Hugo Chávez, de quien mucho tendría para aprender si se dignara bajar del trono de la soberbia donde lo instaló una dictadura fascista que se recuerda como una de las más sangrientas que haya conocido la humanidad.

Así que, señor rey, con los nervios a otra parte, que bastantes problemas tenemos para mantener la dignidad que tantas veces ustedes pisotearon y pretenden seguir atropellando al más puro estilo matón, como lo demostró a partir de su mediación para el funcionamiento de la nueva pastera, la cual le sugeriríamos invite a instalar en su tierra, aunque no lo hacemos por respeto al pueblo español.

Arrebatos iracundos en su casa, señor, acá no nos hacen falta más alterados…
Ingrid Storgen (Para Kaos en la Red)

Un caso real

Un caso real

Imaginemos que la situación hubiera sido al revés. Que hubiera sido Hugo Chávez el que le hubiera intentado hacer callar al rey de España. ¡La que se habría montado!

A mí, de todos modos,me parece muy bien que al ciudadano Juan Carlos le salga la flema borbónica y la escupa delante de las cámaras, porque así se muestra como lo que es, con luces y taquígrafos.Pedir que se calle al presidente de un país, guste o no, elegido democráticamente (como el venezolano se encargó de recordar -y tambiénque el otro implicado en el rifirrafe no puede decir lo mismo-), o levantarse indignado y a abandonar la sala cuando Daniel Ortega hacía uso de la palabra (sin, que se sepa, llamar fascista ni descalificar a nadie) a mí me parece impresentable, pero debe ser un ejercicio de alta política, a juzgar por lo que uno lee los periódicos patrios o ve cuando enchufa la televisión y se encuentra una y otra vez con la imagen del Borbón fuera de sí y a los periodistas haciéndole la ola,que solo les falta decir "olé tus huevos".

Al rey de España lo que le pasa es que ha estado demasiado acostumbrado a reverencias y adulaciones, y no soporta que nadie se le desmande, sobre todo si ya se le ha desmandado alguna vez. Esas cumbres iberoamericanas, de hecho, siguen destilando un tufo neocolonialista. ¿Por qué por ejemplo, mientras los demás países acuden con un jefe de estado a la cabeza España lo hace con dos? (bueno, tal vez la pregunta correcta sería, ¿por qué en España hay dos jefes de Estado). ¿Y por qué el rey tutea a Chávez mientras todoshablan entre sí de usted? Ah, sí, que es muy campechano.

Para redondear la jugada, Zapatero, al que, la verdad, se le veía algo incómodo con el iracundo Borbón al lado, esgrime un argumento a lo Sarkozy (que solo unos días se había mostrado dispuesto a regresar a Chad a por dos ciudadanos franceses, hubieran hecho lo que hubieran hecho) cuando horas después del incidente entre Chávez y el rey de España, asegura que si a un compatriota se le ataca hay que defenderlo. Esperemos que a nadie se le ocurra por ahí fuera decir que Antonio Anglés es un asesino despiadado porque pondrá a nuestro presidente en un compromiso.

Un episodio, en definitiva, que tampoco es para tanto, discusiones como esa suceden todos los días en bares, oficinas, platós de televisión, y patios de colegio(tú te callas, y tú eres un facha, pues ahora me pico y me voy, ala), pero que tal vez ha sido tan recurrente, como tantas otras veces, para no ir al fondo del asunto y no responder a algunas preguntas. Por ejemplo a la de "¿Por qué no te callas?".

¿Por qué no se calla Hugo Chávez? ¿Qué hay de cierto en las acusaciones que hace a los José Marías,Aznary Cuevas?. ¿Que en las reclamaciones del nicaragüense Daniel Ortega, o del presidente argentino (y es que al final al rey de España en esta cumbre no solo se le ha desmandado Hugo Chávez, que como es grandote y canta rancheras y le llama Fidel por el móvil cuando está en la tribuna, se le ve mucho). Más preguntas:¿También espetó Juan Carlos de Borbón a los espadonesgolpistas su '¿por qué no os calláis?' el 23-F?... Los juancarlistasy los demócratas de toda la vida aseguran que sí, ese es su argumento principal (por no decir el único) para defender al rey, así que quizás haya que empezar a plantearles la cuestión de otro modo. ¿Una democracia que presenta como elemento aglutinador, como el pegamento Imedio para todas sus brechas, algo tan anacrónico y discriminatorio como una monarquía -es decir, un jefe de estado designado de un modo totalmente antidemocrático, por voluntad divina, o"porque sus antepasados se lo montaron divinamente"- no resulta una democracia, realmente, algo pachucha?
Patxi Irurzun (Para Kaos en la Red)

Chávez: "Será Rey pero no me puede hacer callar"

Chávez: "Será Rey pero no me puede hacer callar"

En la sesión de clausura de la cumbre se produjo una bronca monumental que marcó la jornada, cuando el rey de España perdió la paciencia ante los ataques de Chávez contra el ex presidente del gobierno español José María Aznar y le espetó, "¡Por qué no te callas".

"Él (el rey) "es tan jefe de Estado como yo, con la diferencia que he sido electo tres veces", ha sostenido Chávez. "Ningún jefe de Estado puede estar mandando a callar a otro, a mí me dijeron después que al rey tuvieron que agarrarlo, que se iba a parar (levantar) de su asiento, (pero) yo no lo vi". "No estaba hablando con el rey y él es tan jefe de Estado como yo lo soy, con la diferencia que yo soy electo, he sido electo tres veces con 63%; son tan jefes de Estado el indio Evo Morales como el rey Juan Carlos de Borbón", ha añadido el mandatario venezolano.

"Estaba diciendo la verdad en la que creo, así que yo no tengo nada que responderle al rey. Allá él", ha remanatado el presidente venezolano, que además ha afirmado que reiteraba todo lo que había dicho sobre el ex presidente del gobierno español José María Aznar.

Último acto en Chile

Chávez ha formulado su réplica al Rey durante una ceremonia en la que fue investido como doctor honoris causa de la Universidad privada de Artes y Ciencias Sociales (Arcis), que organizó la "Cumbre de los Pueblos", que se celebró de forma paralela a la Cumbre Iberoamericana.

El mandatario venezolano ha tenido una activa participación en el acto de clausura de esa cumbre paralela, en el que ha pronunciado un maratoniano discurso de una hora y 45 minutos, durante el cual ha cantado, ha homenajeado al fallecido presidente chileno Salvador Allende y ha hablado por teléfono con el convaleciente presidente de Cuba, Fidel Castro.

También han participado en ese acto, al que asistieron algo más de 3.000 personas, los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Bolivia, Evo Morales, así como el vicepresidente cubano, Carlos Lage. Tras el acto, celebrado en el velódromo del estadio nacional, de Santiago, Chávez se dirigió a la universidad para recibir el doctorado honoris causa, que ha sido su última actividad en Chile antes de emprender el regreso a Venezuela.
EFE.

Zapatero y el rey regresan a España mascullando ira y vergüenza: Los enojos de un Borbón

Zapatero y el rey regresan a España mascullando ira y vergüenza: Los enojos de un Borbón

NO OLVIDARÁN FÁCILMENTE el disgusto experimentado en la asamblea de la XVII Cumbre Iberoamericana los dos dignatarios españoles que hubieron de tragarse –a contrapelo y pese a sus investiduras- el ventarrón severo de ácidas críticas contra Aznar y algunas empresas hispánicas, efectuadas por los Presidentes de Nicaragua y Venezuela.

Días antes, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, anticipó lo que se venía encima de Juan Carlos y José Luis Rodríguez Zapatero, al recordar en su discurso el comportamiento de algunos empresarios en territorio del Guayas, especialmente con sus palabras: “empresarios se llamaron a sí mismos los causantes de las más devastadoras crisis humanas, moral y económica de Ecuador en el siglo XX. Empresarios se autotitularon quienes con su condición de depredador fueron, más que capitales golondrinas, aves de rapiña, rapaces saqueadores del patrimonio de sus pueblos. Podría dar muchos ejemplos de la triste y larga noche neoliberal en Ecuador".

Era, a no dudar, un flechazo dirigido contra el centro del corazón empresarial de los trusts europeos que, asociados con multinacionales norteamericanas y canadienses, han provocado en la mayoría de las naciones Latinoamericanas no sólo una profunda desigualdad social y económica sino, además, el arrasamiento del medio ambiente traducido en indiscriminadas talas de bosques, contaminación de hoyas hidrográficas, derretimiento de glaciares e intoxicación gravísima del aire respirable. Asuntos que por cierto jamás han hecho ni harán en sus países de origen.

Horas más tarde, el ‘diablo’ se presentó ante el Borbón y Zapatero endilgándoles una crítica sin anestesia la que comenzó con la acusación de ‘nuevo fascista’ con que Hugo Chávez remeció seguramente al ex Presidente del Gobierno español, el derechista Aznar. Y para no olvidar la guinda de la torta, el caraqueño abofeteó en vivo y en directo a una empresa hispánica que –según el propio Chávez- habría vapuleado económicamente (‘saqueado’ dijo el mandatario) al país de Simón Bolívar.

Minutos después, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, aprovechando el viento de cola dejado por el discurso de Hugo Chávez, remató a los confundidos dignatarios españoles con conceptos similares, y aún peores. Ninguno de los presentes en ese instante, salió en defensa de los sacudidos europeos. Sería el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, quien reprendería más tarde al mandatario venezolano aconsejándole desestimar el uso de adjetivos fuertes cuando hiciese referencias a personalidades de cualquier signo y color político...pero defensa del Borbón y de Zapatero, nada.

Molesto a más no poder, dejando entrever que está acostumbrado a ser obedecido ciegamente aunque ordene una estupidez (y por allá en España ha ordenado calderadas de torpezas) Juan Carlos abandonó la sala de la asamblea no sin antes decirle a Hugo Chávez: “tú, cállate’, palabras que no produjeron efecto alguno en los dos mandatarios latinoamericanos, pues estos son conscientes de que es en esas reuniones donde pueden y deben expresar –cara a cara y sin temor- el malestar que carcome el alma de sus pueblos.

Quizá las palabras usadas, el tono mismo de la voz y las miradas directas, no hayan sido el mejor atributo de Chávez y Ortega en aquel momento, y quizá también el tono de voz y las palabras utilizadas por Borbón y Zapatero correspondan al non plus ultra del idioma castellano. Pero no son las palabras las que causan bienestar, desgracias ni muertes…son las acciones concretas, y en ellas la ventaja no corre precisamente a favor de los dos españoles presentes en la Cumbre.

Borbón y Zapatero olvidaron que por estos lados del planeta ellos no mandan ni ordenan. Son solamente dos jefes de estado invitados a una reunión. No están en su territorio. No están en sus colonias. No están en su casa. No están frente a sus huestes de incondicionales ni protegidos por la capa de sus patrones económicos y militares. Tampoco están frente a un grupo de obsecuentes lacayos, sino por el contrario están obligados a dar y recibir opiniones, críticas, alabanzas e incluso denuestos, pues sus interlocutores en la Cumbre Iberoamericana tienen la malhadada costumbre de pensar y razonar, asuntos en extremo peligrosos para los intereses de tiburones empresariales que siguen creyendo que América Latina es el patio de sus propias casas. ¿Eso pensaban también Borbón y Zapatero?

Olvidaron ambos –en fin- que por estos lugares la Corona y el báculo valen un maldito carajo si no van acompañados de honestidad, sapiencia y, lo más importante, de una historia personal y representatividad democrática que valide su calidad de líderes.

Volverán a España preguntándose ‘¿qué pasó?’, y la experiencia vivida de nada les servirá si no cuestionan seria y reflexivamente la actuación que algunos empresarios peninsulares han tenido –y siguen teniendo- en el subcontinente americano. Empresarios predadores que a no dudar han contado siempre con el absoluto apoyo de la monarquía, y ahora, ya lo sabemos, con el decidido empuje que el señor Zapatero les brinda desde Madrid.

Como colofón negro al fracaso político de los representantes del gobierno español, Montevideo y Buenos Aires profundizaron en plena Cumbre Iberoamericana sus diferencias por la instalación de una empresa papelera en la ribera norte del río Uruguay. En ese doloroso diferendo, el rey Borbón actúa de mediador, sin éxito ninguno hasta el momento.

Y demostrando cuán torpe puede llegar a ser una persona que actúa por servilismo y obsecuencia, Zapatero tuvo la pésima idea de refrendar la “excelente intermediación realizada por Su Majestad en el conflicto”. Si para el jefe del gobierno español la acción de su monarca en ese asunto ha sido un éxito, resulta fácil entonces explicarse por qué en España –bajo su conducción política- está sucediendo lo que todos sabemos y leemos en la prensa internacional.

Mientras tanto, algunos empresarios europeos ya han puesto sus barbas en remojo pues tienen muy en claro que los nuevos aires soplarán a favor de las poblaciones de nuestras repúblicas, y el esfuerzo de ellas no seguirá zozobrando en las estelas dejadas por las ambiciones desmedidas de multinacionales que han actuado con licencias de corsarios entregadas por un monarca que nada, pero nada de nada, tiene que hacer por estos lugares y, también, corsarios que se visten con ropajes regalados por un muy deshuesado político de apellido Zapatero, socio gestor de su comanditario Aznar.

Por último, el que Borbón, Aznar y Zapatero sean simples mayordomos de capitalistas sin bandera, Dios ni ley, es un asunto que los españoles deberán enderezar, pues en algunas naciones del sur del mundo ya se vislumbra el positivo efecto de la terapia aplicada. La Cumbre Iberoamericana así lo ha demostrado.
Arturo Alejandro Muñoz (Para Kaos en la Red)